jueves, 27 de agosto de 2015

Definitivamente ese viaje sería interminabile. Había llegado hasta Paris, pero aún me faltaban al menos unas nueve horas de vuelo. Y éste había sido apenas suspendido hasta nuevo aviso.

Me senté en una de las butacas, me pondría a leer. El aeropuerto estaba practicamente vacío, sin embargo él se sentó frente a mí.

Era un hombre atractivo. Cabellos muy cortos, rasados casi; algunas canas que le daban ese encanto de la madurez. Bien vestido, completo oscuro Prada. No podía dejar de observarlo, aunque si él no si había dignado a mirarme una sola vez. Sacó una agenda y comenzó a escribir algo. Sus manos, cuidadas, perfectas… no hacía más que imaginarlas sobre mi cuerpo. Decidí ir por un café, debía despejarme. Ese desconocido estaba despertando todas mis fantasias. Yo, que generalmente soy considerada un poco fría y distante, estaba probando una extraña excitación.

Volví con mi café e inicié a leer. Él continuaba allí, en sus cosas. Continuaba a observarlo. Sus piernas cruzadas. Su camisa blanca. Su cuello tan masculino. En ese instante alzó la vista y nuestras miradas se cruzaron. Él hizo una media sonrisa y automáticamente me mordí el labio. Me sentí arder, y sentí arder también sus ojos oscuros en mi piel. Recogí mis cosas y me dirigí al baño.

No había nadie… mejor. Apoyé mis cosas y abrí el grifo, dejé correr el agua fresca por mis manos y cerré los ojos. Hasta que escuché cerrar la puerta con llave a mis espaldas. Él era quien me observaba ahora a través del espejo. No me moví. No sentí temor sino deseo. Se acercó lentamente por detrás y se apretó a mi cuerpo. Recogió mis cabellos, haciendo que inclinase el cuello, que besó… mordió. Sus manos abrieron mi camisa y sujetaron mi seno, sacándolo del sujetador. Sentía su excitación presionando en mis nalgas. Me alcé la falda y llevé su mano a mi entrepierna, quería sintiera lo que me estaba provocando.

Hundió sus dedos en mi. Entraba y salía de mi sexo. Comencé a gemir y sentía esos espamos que preanunciaban mi orgasmo. Lo escuché abrirse el pantalón y sentí el frotar de su polla. Con un moviemiento decidido, me giró y sentó sobre el mármol. Me penetró enredando sus manos en mis cabellos. Me besaba hambriento, su lengua recorría mi boca con la misma intensidad de las embestidas de sus caderas. Lo envolvía con mi calor. Lo hacía desaparecer dentro mío. Ambos teníamos el mismo ritmo acompasado. Él por momentos se detenía, dejándome empalada a su virilidad; para luego retomar con más énfasis.

Y finalmente, su voz. Un susurro… un pedido en mi oído… “…córrete junto a mí…”. No hizo falta más. Sentí su caliente hombría llenando mis entrañas, en el preciso instante que mi lujuría se derramaba en él.

Nuestras respiraciones iniciaban a calmarse, cuando escuché el anuncio de mi vuelo. Nos miramos a los ojos. Él hizo una media sonrisa. Yo me mordí el labio. Me arreglé; tomé mis cosas, y salí del baño dejándolo allí. Me dirigí a la puerta de embarque. Luego de unos minutos ya estaba en mi sitio. Faltaba poco para el despegue y parecía que viajaría sola, nadie a mi lado. Miraba por la ventanilla cuando oí a la azafata indicar mi fila. Levanté la vista. Era él.

Me corrijo, ese viaje definitivamente no sería interminable, sino inolvidable.



viernes, 21 de agosto de 2015


Caminaba por la rambla cuando lo ví. Habían pasado muchos años pero lo reconocí …mi piel lo reconoció. Pasé delante suyo, apuré el paso y volví a casa en un estado de agitación inimaginable después de tanto tiempo. Agradecí estar sola, no tendría que explicar el temblor de mis piernas.

Pensaba al hecho de que no me había notado cuando sonó el celular; ”número privado” …respondí igual.

Soy yo. En media hora te espero en el lugar de siempre. No faltes.  Era él.

¡Dios! Él…, su voz…, ¿cómo había hecho? Entonces sí, me había visto. ¿Quién le habría dado mi número? Demasiadas preguntas surgían en mi cabeza. Pero no importaban. Todos estos años esperando esa llamada. Me arreglé y salí. Iba a su encuentro. Sabía que no debía hacerlo. Pero quería…, lo deseaba con cada célula de mi cuerpo.

Llegué donde solíamos encontrarnos, debajo del muelle. Y ahí estaba esperándome. Lo saludé con un hilo de voz, y por respuesta me tiró hacia él y me besó. Su lengua recorrió mi boca con el hambre que dan los años de espera. Junté fuerzas y me separé de su cuerpo.

No puedo…, ahora las cosas son diferentes… dije.
¿Por qué?, ¿por esto? preguntó tomándome la mano con la alianza.
Sí, me casé un año después que me has dejado... respondí queriendo parecer aún enojada.
Yo no te dejé…, tú nos dejaste…, tú no quisiste seguir… -dijo, y parecía enojado.  Y si no puedes, ¿qué haces acá?, ¿por qué no te has quedado con él?
Está de viaje. Y son años que nos debíamos una conversación... casi le grité.
Niña…, no es una conversación lo que nos debemos… dijo y mientras pasó una mano por mi nuca empujándome hacia él otra vez.

No me resistí. No podía. No quería. Esta vez la hambrienta era yo. Mi lengua recorrió cada rincón de su boca. Le mordí el labio. Mis manos recorrían su pecho y sus brazos. Como años atrás, en un abrir y cerrar de ojos, hizo que me sentara sobre él y me desabrochó la camisa y el sujetador. Sin perder un segundo sentí su boca en mi seno. No sé si el cuerpo tiene memoria pero juraría que sí. Apenas sintieron su lengua, mis pezones se endurecieron como piedras. No aguanté más y le desabroché el jeans, su erección ya era impresionante. Mi mano empezó a masajearlo, mientras él seguía lamiéndome …mordiéndome …excitándome. Yo ya estaba completamente mojada, y el orgasmo fue incontenible, tuve que soltarlo por miedo a hacerle mal.

Sos el único que hace me corra con sólo su boca en mis tetas… le dije y me dispuse a terminar lo que había empezado. Pero me sacó la mano de su polla, se acercó a mi oído y me susurró:  "Esta vez no nos vamos a frenar acá…"

Hizo que me pusiera de pie; me sacó el jeans, que terminó sobre la arena junto al suyo. Mirándome a los ojos me sacó el tanga, y observó divertido como el rubor inundaba mi cara.

Esta vez te haré todo lo que deseábamos y tanto miedo te daba… dijo mientras sus manos en mi culo empujaban mi sexo hacia su cara.

Su boca entre mis pliegues, su lengua haciendo círculos en mi clítoris, sus dientes mordiéndome los labios…, todo me resultaba exquisito…, sentí como me encendía otra vez. Y él también lo sintió. Me saboreó de tal manera que creí que tendría otro orgasmo ahí, en pie. Pero no. Las manos sobre mi culo me tiraron hacia abajo e hizo que me sentara sobre él nuevamente…, me penetró de forma bestial, con ansiedad animal. Sus dedos se abrieron paso por detrás y sentí como empazaba a hacer presión. Busqué su boca…, la saboreé…, la mordí… Mis gemidos se ahogaban en su cuello. Finalmente metió su dedo por detrás y en ese instante arqueé mi espalda, no pude retener el orgasmo, temblaba entre sus brazos y él no se detenía, me dejaba acabar otra vez.

Cuando empezaba a calmarme, lentamente se desprendió de mí y se puso de pie. Aún con mi poca experiencia, supe exactamente que quería. Tomé su sexo con mis manos y me lo llevé a la boca. Era enorme y durísimo. Tenía sabor a mí. Lo saboreé con ganas…, con deseos atrasados. Con la mano acompañaba los movimientos. Arriba y abajo. Sus manos entre mi pelo también lo hacían. Mi lengua lo recorría entero, lamiendo cada centímetro. No aguantó demasiado e inundó mi boca con su hombría. Lo tragué y con la lengua limpié hasta la última gota que salía de su volcán.

Se dejó caer de rodillas. Nos tumbamos en la arena abrazados. Su corazón estaba tan acelerado como el mío. Sentía tantas cosas…, quería decirle tantas cosas…, pero la voz no me salía.

Ay vida mía… ¿has visto?, es así que tendría que haber sido… Pero no importa, esto es sólo el inicio… dijo mientras me tomaba por el culo, casi pellizcándolo.
¿Promesa o amenaza? le pregunté mientras lo miraba con picardía en los ojos. Rió…, me abrazó…, me besó…, y, como tantos años atrás, así esperamos el amanecer.


jueves, 6 de agosto de 2015


Fuimos hasta la habitación envueltos en nuestras toallas. Sentía su mirada clavada en mí, y me sentí quemar. Me recosté sin saber qué decir, y quedé en silencio a observarlo. Parecía ahogarme en sus ojos oscuros, donde leía mil intenciones, mil promesas. Me sentí sonrojar ante esto.
Acercó su rostro, y sentí cómo me respiraba. Me olfateaba como un animal con su presa. Aún si mi mente me gritaba mil y una advertencias, no logré oponerme. Mi cuerpo deseaba otro contacto con él. Cerré los ojos y lo sentí suspirar. Su mano me acarició, posándose en mi nuca. Me sujetó con fuerza del cabello, alzando mi boca hasta la suya. Sentí la invasión de su lengua, buscando la mía. Sus besos recorrieron mi cuello, alternándose con pequeñas mordidas.

Mi resistencia, si alguna vez había tenido alguna, cayó definitivamente. Me aferré a él con todas mis fuerzas. Sentí su brazo rodeando mi cintura, me tiró hacia él; hasta que su cadera presionó contra la mía. Pude percibir su excitación, separada de mí sólo por la toalla con la que todavía se cubría. No me frené y seguí sus movimientos. Me froté a su cuerpo arrancándole un gemido. Separó su boca de mi piel sólo para mirarme a los ojos. Mi seguridad…, mis ganas de él…, hicieron que su deseo aumentara.

Finalmente quitó la toalla, dejándola caer al costado de la cama. Su erección se izaba ante mí en toda su virilidad, provocándome un deseo irrefrenable. No pude evitar tomarlo entre mis manos, y él cerró los ojos dejándose hacer por un instante. Sentirlo caliente, cada vena latiendo bajo el toque de mis dedos, hacia que temblara. Sus manos aferraron las mías y su boca inició a torturar mi seno. Lamía y mordía mis pezones. Primero uno y luego el otro. De forma lenta pero intensa.

Entonces sus manos tomaron mis pechos colocando su sexo entre ellos, iniciando a masturbarse. Mis puños se cerraron apretando los bordes de las sábanas. Me mordí el labio para ahogar los gemidos. Sentí como la humedad bajaba por mis muslos y arqueé la espalda, ante lo que creí inevitable. Pero él comenzó a frenarse hasta detenerse, y esperó que yo abriera mis ojos. Sé que mi mirada le imploraba de continuar, pero quedé en silencio. Le sonreí de forma maliciosa, levantando apenas la cabeza para apoyar un beso sobre la punta de su excitación. Mi lengua acarició y jugó allí donde había apenas besado. No pudo soportarlo, y sin previo aviso, dejé que mis húmedos labios lo envolvieran completamente. Se movía haciendo que mi boca lo recorriera por entero. Se empujaba con furia hasta mi garganta. Saboreé las primeras gotas de su esencia, pero antes que me diera cuenta, se salió de mí. Me hizo girar bajo su cuerpo. Sentí su mano entre mis piernas, sus dedos separando mis labios, mojándose en mis fluidos. Los mismos que acercó a mi boca para que probara mi propio sabor, ese que él me producía. Me penetró de forma animal. Sus embestidas golpeaban en las paredes de mi cueva. Lo sentía…, sentía cada pliegue de él en mí. Me sostenía por las caderas, haciendo más fuerte cada arremetida. Se acercó, y me mordió el hombro en el exacto momento que explotábamos en un orgasmo.

Se dejó caer sobre mi espalda. Su mano acariciaba mis cabellos, la fiera iniciaba a calmarse. Entonces escuché su voz en mi oído: "Recuerda, tú eres fuego…, pero yo soy el Dueño de ese, tu fuego."