lunes, 18 de abril de 2016

Hoy pasaría a buscarme Sebas por el trabajo, tanto para ir a tomar el aperitivo a algún lugar e intercambiar dos charlas. Eramos amigos desde la infancia pero desde que se había ido a la capital casi ni nos veíamos. Sí hablabamos mucho al teléfono, o mejor dicho, yo hablaba. Le contaba de mis aventuras, aunque si últimamente no había mucho para contar, y él sabía cuánto eso me pusiera inquieta. Él pacientemente escuchaba, y cada tanto, opinaba. Sebas nunca tuvo otras intenciones conmigo, nada que fuera más allá de una amistad, creo que siempre me vió como a una hermana más bien... o al menos eso creía yo.

Apenas salí del edificio, lo vi apoyado en un auto estacionado que se fumaba un cigarrito. Saludé a mis compañeros y me arrojé a su cuello, saludándolo; tanto eran las ganas de verlo. Me preguntó dónde deseaba ir y le mencioné un pub donde pasaban buena música e igual se podía conversar sin problemas. Allí fuimos.

Por suerte no había mucha gente, por lo cual pudimos elegir una mesa. Una no muy apartada ya que esa noche había música jazz en vivo. Habíamos ya hecho el pedido de los tragos y algunas tapas cuando vi pasar a Diego. Lo llamé para saludarlo. Él me hizo el gesto de esperarlo un momento y yo mientras le expliqué a Sebas quién era.

Había conocido a Diego una noche luego de una desilusión amorosa en ese mismo pub. Yo había querido emborracharme pero con un pésimo resultado; y aunque probé con él hasta en las formas más obscenas, lo único que logré fue que me acompañara hasta mi departamento. Mi verguenza fue tanta que pasaron meses hasta que volví a ese pub, y obviamente nunca habíamos tocado el tema con Diego; aunque nos saludábamos como dos buenos amigos.

Estabamos sentados allí desde casi una hora, y finalmente Diego se había unido a nosotros. Noté como Sebas se me acercaba cada vez más, y cualquier excusa era buena para sentir sus manos sobre mí. Diego se levantó para ir por otros tragos y entonces aproveché la situación.

¿Me puedes decir qué coño haces? –encaré a Sebas sin más vueltas.
Emme... ¿no te has dado cuenta que este tío está caliente contigo? –me respondió él haciendo una sonrisa maliciosa. Tal vez necesita sólo un empujoncito.
Tú estás definitivamente loco... –dije sin poder evitar morderme el labio ante las ideas que venían a mi mente.
Y tú cielo, estás definitivamente necesitando un poco de acción... –lo dijo acercándose a mi oído y señalando con el vaso vacío a Diego que volvía a la mesa. El brillo de ahora en tus ojos me lo confirma.
Ufffff... un rollo por un par de tragos... –comentó Diego fastidioso mientras nos miraba tratando de adivinar qué pasaba. Creo no se esperasen toda la gente que ha entrado en la última hora.
¿Por qué no vamos a un lugar más tranquilo entonces? –dijo Sebas mientras pasaba su brazo por detrás de mi espalda y sus dedos acariciaban mi cuello, gesto que no pasó desapercibido a Diego. El departamento de Emme no está lejos y allí estaremos más cómodos.
Lo recuerdo... –mencionó Diego mirándome a los ojos y alzando una ceja en modo desafiante. Porqué no... podría ser interesante.

No necesitaba nada más. Me levanté tomando de la mano a Sebas y nos dirijimos a la salida. Diego nos seguía detrás. Ya en el aparcamiento decidí que sería yo a conducir; Sebas se sentó a mi lado no dándole opción a Diego de elegir; por lo que él se ubicó en el asiento trasero. Apenas puse en marcha, sentí la mano de Sebas por mi pierna. Automáticamente miré a Diego por el espejo retrovisor,  y me sorprendió encontrarme con su mirada encendida. Él apoyó una mano sobre mi hombro, acercándose casi a mi oído.

Creo te convenga tomar a la derecha en la primera lateral para evitar el tráfico de la avenida... –dijo en un tono que quería parecer impersonal sin lograrlo. Así llegaremos más rápido.

Sebas sonreía. Lo conocía lo suficiente para saber cuánto lo estaba divirtiendo toda esta situación. En menos de veinte minutos ya estábamos en mi departamento. Creo que Sebas se sintiera dueño, por lo que dejó el saco en el perchero de entrada, y fue a preparar de beber, deciéndole a Diego de ponerse cómodo. Nos sentamos los tres sobre el sofá, colocando los tragos sobre la mesilla que teníamos delante. Yo en medio a ellos dos.

Disculpen... –dijo Sebas mientras aflojaba su cinturón y lentamente desabrochaba su camisa. Pero luego de trabajar todo el día y el viaje desde la capital, necesito relajarme.
Pues yo también... –apoyé la espalda sobre Sebas y subí los pies en dirección de Diego. ¿Me ayudas?

Diego no se lo hizo repetir; tomó uno a uno mis pies y me quitó los tacones. Cuando lo hizo los apoyé sobre su entrepierna y pude notar su erección através del jean. Sentí la respiración de Sebas en mi cuello y cómo su mano recorría mi espalda. Sin decir una palabra, mis pies comenzaron a acariciar ese deseo que continuaba a crecer en Diego. Las manos de Sebas iniciaron a abrir mi camisa dejando al descubierto mi sujetador. Sus dedos iniciaron a pellizcar mis ya turgidos pezones. Diego no dejaba de mirarme a los ojos mientras yo seguía masajeándolo con mis pies. Él también se desabrochó y quito la camisa, descubriendo unos pectorales que quitaban la respiración. Con un movimiento inesperado para Sebas pero totalmente irrefrenable, me dirigí hacia Diego como una gata en celo. Levanté mi falda y me coloqué a hojarcadas sobre él. Esta vez eran las manos de Diego a recorrer mi espalda. Subían y bajaban, hasta que una se enredó en mis cabellos, tirando mi cabeza hacia atrás. La otra mano desabrochó mi sujetador, llevándose mis cimas a la boca para saborearlas con intensidad. Con el rabillo del ojo pude ver que Sebas ya se había desnudado completamente, y se masturbaba sin dejar de observarnos.

Lentamente me separé de Diego y me levanté. Me quité la falda mirándolo a los ojos, e hice deslizar mis bragas hasta el suelo. Él comenzó a desabrocharse el jean. Me incliné como para darle un beso, y pasé mi lengua por su rostro. Me arrodillé sobre el sofá, pero delante de Sebas. Hice que sacara sus manos de aquel estupendo mástil y suavemente lo introduje en mi boca. Pasé mi lengua sobre su rojo e hinchado capullo, empujándolo nuevamente dentro. Entonces sentí mis labios abrirse, y una lengua de fuego beber de mis aguas. Diego estaba por detrás de mí, su cabeza hundida entre mis piernas. Volví a fijar mi vista en Sebas, el cual tenía un rostro entre extasiado y divertido. Sus manos empujaron mi cabeza al punto que mi boca nuevamente saboreara todo su ardor. Diego fue separándose de mi, colocó sus manos en mis caderas e instintivamente supe qué haría. Me penetró con un sólo movimento, fuerte y certero, que hasta Sebas lo sintió.

Pocos segundos después los tres ibamos al mismo ritmo; mientras mi boca bajaba y subía por la erguida virilidad de Sebas, Diego entraba y salía de mi cueva sin ningún tipo de piedad. No tardé mucho en contraerme y sentir esa necesidad de arquear mi espalda. Me derramé sobre las piernas de Sebas, mientras él sujetaba mi rostro; y Diego continuaba a empujar sujetando mis cabellos, hasta sentir toda su fuerza erupcionarme dentro.

Dios Emme si eres hermosa cuando gozas... –dijo Sebas sin dejar de fijar su vista en mi boca, esa que antes estaba saboreando su sexo.

Sin pensar me separé de Diego y acerqué esa misma boca a la de Sebas. Tenía deseo, urgencia de besarlo. Nuestras lenguas se encontraban y enlazaban. Sus manos me levantaron un poco hasta que mis otros labios, aún mojados de mi propia esencia y de la de Diego, se abrieron abarcándolo todo. Las manos de Sebas subían y bajaban por mi espalda. Su boca hacía lo mismo pero por delante. Mordía mis labios y bajaba hasta morder mis pezones. Todo sin dejar de mirarme a los ojos.

De repente el mundo se había detenido. El tiempo estaba suspendido en ese instante. Hasta Diego había desaparecido yéndose al baño. No recuerdo bien pero creo que dijo algo de hacerse una ducha. A mí sólo importaba Sebas. Él, mi mejor amigo, mi confesor, el que sabía absolutamente todo de mí. Ahora por primera vez entre mis piernas.

Pasé mis manos por sus brazos, hasta sus hombros. Subí por su nuca, hasta enredar mis dedos en sus cabellos. Tiré de ellos, llevando su cabeza hacia atrás. Besé su cuello, su fuerte y marcada mandíbula. Llegué a su boca y mordí su labio inferior. En ese momento, sus manos que aferraban mi cintura, bajaron hasta mi culo apretándolo, pellizcándolo.

No pares... –logré casi susurrale al oído. Por favor no te detengas.
No pensaba hacerlo Emme... –dijo con la voz agitada. Son años que espero este momento.

Su voz... sus manos... su sexo... él todo me estaba enloqueciendo. Él no me estaba simplemente follando. Él me estaba haciendo el amor.

Me sentí explotar nuevamente. Los dos al unísono, gimiendo nuestros nombres. Sentí toda su virilidad llenarme las entrañas, mientras mis labios continuaban a derramar toda la pasión que él había despertado.

Nos quedamos abrazados sin decir nada hasta recuperar el aliento. Me separé de él como con cierta verguenza. Era tan absolutamente inesperado todo lo que allí había sucedido. Recogí su camisa de la alfombra y me cubrí con ella. Él hizo lo mismo con una manta. Me levanté... lo miré tiernamente... y lo besé.

Voy a mi habitación... –le susurré al oído. Te espero.

Hacia allí me dirigí con la cabeza aturdida de pensamientos, pero sin poder concentrarme en nada ni en nadie. Ni siquiera me recordé de Diego que aún estaba en el baño.

Me deslicé debajo de las sábanas esperando a Sebas. Me sentía ansiosa. Casi me dormí, hasta que escuché a Sebas abrirle la puerta del departamento a Diego para despedirlo finalmente y...

Gracias amigo... te debo una... –dijo Sebas con un hilo de voz.
Figúrate... si lo he disfrutado yo también... –respondió Diego; cerrándose la puerta y cayendo el silencio.

8 comentarios:

  1. Hey... ya la foto de la entrada dejaba entrever lo que se venía. No sólo no me equivoqué, sino que por un momento pensé "chiquita te fuiste al carajo", lo bueno e intenso que se puso el relato. Aún quedan minutos para que llegue al trabajo, tiempo suficiente para que recupere el pulso normal ;)
    Gracias Misthyka por hacer un lunes especial. Besos y buena semana

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    1. ¿Qué es lo que por un momento habrás imaginado querido Hugo? ...aunque temo que lo que yo pueda imaginar sería aún peor ...jejejejeje!
      Ahora ya pasó un tiempito, así que debes estar mucho más tranquilo.

      Tentadores Besos.

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  2. Sin palabras...toda Alabanza querida mía, por como has llevado la historia sin bajar ni un ápice de intensidad.

    Mil besitos, preciosa.

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    1. Gracias Auro, sabes que admiro tu arte con las letras por lo cual tu opinión es de muchísimo valor para mí.

      Besinos preciosa.

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  3. Intenso. Me gusta que sigas abriendo nuevos senderos en esta etapa tuya.
    Un trío y no sobra nadie. Eso es genial.
    Te ha quedado muy... para repetir.

    Besos.

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    1. Hay muchos senderos aún por recorrer... y algunos para hacerlo más de una vez.

      Besos mi querida PI.

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  4. Explosiva y provocadora de principio a fin. Que placer leerte de esta manera Misthyka.Espero que esos amigos se vuelvan a encontrar,creo que tienen mucho mas para contarnos.
    Besos!

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    1. ¿Quién sabe Alex? ...tal vez los amigos vuelvan a encontrarse, o tal vez hayan otros ...todo puede suceder.

      Tentadores Besos.

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