jueves, 28 de julio de 2016

El verano finalmente había comenzado, y ya hacía un calor infernal. Y, aunque la ciudad se encontraba medio vacía, consecuencia de las vacaciones escolares; a mí me tocaba continuar a trabajar. Todos los días volvía a mi departamento pasadas las 20:00, mucho más que cansada. El único aspecto positivo era que por las mañanas podía llegar a la oficina cuando quería. Por ende, mi vida social era practicamente inexcistente ya. Pero me quedaba un pequeño momento de placer diario; esa hora, hora y media matutina, donde entre otras cosas aprovechaba a ir de compras. Fue allí donde lo conocí.

La primera vez que lo ví, yo estaba eligiendo algo dulce y tentador para postre... en realidad lo sentí. Me giré ante su perfume que alertó todos mis sentidos, y me quedé observándolo. No parecía real un hombre tan bien vestido y elegante a esas horas en el supermercato. Comencé a seguirlo disimuladamente. Tenía una expresión de aburrimiento, no se entendía si él empujaba el carrito o si éste era el que lo sostenía. Igualmente era un hombre muy atractivo, tendría unos 45 años, muy buen físico, desprendía masculinidad por cada poro, y una mirada que incendiaba. Observé sus compras para entender si era solo o tal vez con familia... solo seguramente.

Por un momento lo perdí de vista, pero nos volvimos a encontrar en la fila para la caja. No sé cómo pero llegué primera. Cruzamos algunas palabras y tuve dificultad en apartar la vista de esa boca de labios carnosos que invitaban a besar, a morder. Era sin dudas un hombre inteligente, con un modo todo suyo y muy seductor. Finalmente, terminé de embolsar, pagué y salí. Cargué las compras en el auto, y mientras subía mi mirada cayó sobre el neumático... completamente a tierra. No podía creerlo. ¿Y ahora? ¿Cómo demonios haría? Estaba a punto de dar un puntapie y maldecir, cuando oí una voz a mi espalda.

Disculpe, ¿necesita ayuda? –era el elegante caballero del supermercado.
Hola... no... o sí, sí necesitaría ayuda... –estaba totalmente confundida. No sé qué ha ocurrido con el neumático pero está totalmente desinflado y no sé cambiarlo, deberé llamar al taller.
Yo puedo hacerlo. –dijo con total desenvoltura mientras me daba su única bolsa de compras, se quitaba el saco y se daba vuelta los puños de la camisa. A propósito, me presento... Franco.

Dudé en aceptar, pero si quería llegar al trabajo en tiempo no tenía mejor opción. Aparte, él ya estaba iniciando a hacerme el cambio. Yo llevaba una falda ligera y una camisa con un escote pronunciado, que aproveché a poner en evidencia cuando me acerqué para alcanzarle las herramientas necesarias.

Terminado el cambio del neumático él tenía las manos no sólo sucias, sino un poco lastimadas; y a pesar de los cuidados, no pudo evitar mancharse su camisa blanca.

No sé cómo podría pagarle este gran favor que me ha hecho. –le dije mirándolo a los ojos.
Podría alcanzarme hasta mi departamento, estoy sin mi vehículo y deberé cambiarme, al menos la camisa. –me respondió bajando la vista hacia esas manchas negras que ahora se encontraban en la que llevaba.
Ningún problema, sería el mínimo... –respondí a su vez, mientras tomaba mi celular. Déjeme sólo que advierta en mi trabajo que llegaré más tarde.
Perfecto, yo haré lo mismo. –y sonrió de una forma que no supe descifrar.

Subimos al auto e iniciamos a hablar de esto y aquello. Nuevamente debía concentrarme para hacer atención a conducir y no perderme en su boca y lo sensual de voz. Notaba mi excitación, y aumentaba ante su aparente indiferencia. Pocos minutos después estacioné en la dirección que me había indicado.

¿Sería mucha molestía si le pido de acompañarme hasta arriba?dijo totalmente serio, mostrándome sus manos. No quisiera manchar nada más.
Ehhh... sí, claro... obviamente... –respondí un poco sorprendida, no tanto por su invitación como por mi respuesta.

Entramos al edificio. El conserje lo saludo muy correctamente y no sé porqué eso me tranquilizó. Yo llevaba, aparte mi bolso, sus compras y el saco. Abrí el ascensor ante sus disculpas por no poder comportarse como un caballero debería. Presioné sobre el número del piso que me indicó, y en menos de dos minutos ya estabamos allí.

¿Puede tomar las llaves del bolsillo de mi pantalón? –preguntó mirándose hacia allí y no a mis ojos.
Por supuesto... –ya había llegado hasta ahí, no era el momento de echarme atrás.

Mi mano temblaba y no podía evitarlo. Y si él lo hubiese notado, lo disimuló muy bien. Entramos a su departamento, un lugar con mucho buen gusto. Muros grises y muebles de líneas modernas; alfombra y algunas fotos en blanco y negro muy sugerentes. Todo muy masculino.

Espéreme 5 minutos, enseguida estoy con usted... –dijo sin darme tiempo a responderle, y se marchó hacia adentro.

No supe qué hacer... me quedé en pie observando los títulos de los libros en la biblioteca. Iniciaba a ponerme nerviosa... ansiosa. Movía mis tacones continuamente. Finalmente volvió hacia la sala.

Bueno... –comencé a decir. Debo marcharme...

Me miró, y sin pronunciar una sola palabra, se dirigió hacia la puerta. Giró la llave, y cuando estaba por abrir, me cerró entre sus brazos y el muro.

¿Está usted segura que desea marcharse? –me susurró tan cerca de mi cuerpo que podía sentir su pulso. 











10 comentarios:

  1. Aguardo impaciente la continuación. Si no te lo dije te lo digo ahora, sos un vicio Misthyka ;)
    Besotes linda!

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    1. No es buena la impaciencia. Saber esperar, dilatar el momento, hasta el instante exacto donde el gozo es mayor... paciencia sinónimo de virtud.

      Tentadores besos.

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  2. Interesante... Muy interesante... A mí no me ocurre esto en el supermercado... Sólo octogenarios caballerosos en la fila de la caja.
    Me ha encantado... Ya espero la siguiente entrega, preciosa.

    Mil besitos.

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    1. Me encanta que te haya encantado; y pronto llegará la continuación preciosa Auro.

      Besinos guapa.

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  3. Vaya tela marinera...uffff...estoy ansiosa por la continuación...desde luego yo no me iría ningun sitio...
    Sólo tu podías sacarme de la cueva... me ha encantado...
    Un beso enorme!!

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    1. Amando... ¡qué alegría me has dado al leerte! ...me encanta y más tenerte nuevamente por aquí, de corazón.

      Besinos a montones Pequeña.

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  4. No quiero adelantarme a nada, pero se me hace la idea que si ya hubo un cambio de neumáticos, lo que se viene es una inspección técnica muy profunda. No hay que dejar nada librado al azar.

    Espero con gusto la continuación preciosa, mis besos.

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    1. No soy una que deja cosas libradas al azar... aunque debo admitir que me gusta cuando la "vida" me sorprende.

      Tentadores besos Alex.

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  5. Una mujer que busca algo dulce para postre es una mujer que sabe lo que quiere y como dejarse llevar por una tentación...

    Espero el dulce desenlace.

    Besos

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    1. Ella sabe muy bien lo que quiere... y sobre todo, de quién dejarse tentar, llevar...

      Ya tienes el dulce... desenlace.

      Mis tentadores y dulces besos para ti.

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