lunes, 18 de julio de 2016

¿Si? –su voz sonaba siempre cálida.
Hola... –e hice una pausa para que me reconociera. ¿Cómo estás?
Emme... –siempre me ha gustado mi nombre en su boca. Estoy mejor... ¿y tú?
Necesitando un abrazo y conversar con un amigo. –le confesé sin muchos rodeos.
Pues ven, sabes que para ti siempre estoy corazón. –y ya eso había sido una caricia.
Ok, en un par de horas estoy por allí... –sonreía calmada. Me hará bien cambiar un poco de aires.
Te espero, ven con cuidado. –siempre protector.
Pero no prepares nada, lo llevo todo... –quería cuidarlo yo también. Nos vemos en poco.
Ciao... –y cerró la llamada.

Un vestido oscuro de algodón apenas sobre las rodillas, unas sandalias con plataforma y un sweeter por si refrescaba. Nada de maquillaje, sólo los ojos delineados. El cabello sujeto en la nuca de forma informal. Subí al auto y partí hacia el campo; antes pasé por el supermercado, un poco de tagliatelle caseros y todo lo necesario para un buen pesto, sabía que él adoraba la cocina italiana.

Seguramente oyó llegar el auto, porque me esperaba en la puerta de casa. Bajé con las bolsas de las compras; él sonrió y me abrazó fuerte. No necesitó decir nada, el calor de su pecho ya iniciaba a tener ese efecto reparador de siempre. Nos separamos apenas, me rozó los labios con un beso.

¿Entramos? –dijo tomando las bolsas con las compras.
Sí, sí... –y sonreía, era imposible no hacerlo. Debes ya tener hambre.
No imaginas cuánta... –e hizo esa mueca pícara que tanto conocía y me divertía.

Acomodamos todas las cosas, le pedí un delantal y me dispuse a cocinar.

Hoy este lugar es mío. –dije señalando la cocina y levantando una ceja esperando que me dijiera algo en contrario.
Perfecto... –y sonrió acercándose a la mesa. Entonces me siento aquí, te observo, te escucho, y me dejo mimar.

Mientras preparaba la pasta, le contaba qué estaba pasando, cómo me sentía esos días. Él cada tanto interrumpía con algún monosílabo como señal de que estaba prestando atención.

Emme... –dijo finalmente. Sabes que te comprendo perfectamente.
Sí, lo sé... –y no quise girarme para que no viera que estaba a punto de llorar.
¿Hasta cuándo? –preguntó. Quisiera saber hasta cuándo continuarás a menos preciarte.

Lo escuché ponerse de pie, y colocarse detrás mío.

Si supieras lo hermosa que te ves allí... –su voz era una caricia cálida en mi cuello. Deja ya de pensar y dedicarte a quien no te valora como debería.

Sentí sus manos apoyarse en mi cintura. Fue istintivo... fue natural... me apoyé a él cerrando los ojos. Me abrazó bajando sus manos por mi vientre. Me giró, colocándome frente a él. Acercó su rostro al mío y me perdí en sus ojos. Me besó suave, delineando mis labios con su lengua. Bajaba por mi cuello, aspirando mi perfume, mientras mis dedos se enredaban en su cabello, empujándolo más hacia mí. Me alzó en brazos y mis piernas envolvieron sus caderas. Me colocó sobre la mesa, la misma desde donde había estado observándome. Comenzó a abrirme el vestido sin dejar de fijar su mirada en la mía. Ambos ardíamos. Sus manos tomaron el universo de mi seno, llevándose uno a uno mis pezones a la boca. Lamió, succionó, mordió, hasta volverlos duros, túrgidos. Se quitó la polo blanca que llevaba, y mis manos acariciaron su pecho, ese sitio donde me sentía segura y tanto me encendía. Bajé por su vientre y desabroché su cinturón y jean, sintiendo su deseo por mí. Subió mi falda y sus dedos comprobaron la humedad de mis ganas de él. Acaricié su erección, su firme virilidad hizo que me mordiera el labio inferior. Gesto que él notó y con repentina voracidad, pasó una mano por mi nuca, liberando mi cabello y sujetándolo en su puño. Su otra mano sujetó mi culo con fuerza, entrando en mí, penetrándome cuerpo y alma. Apoyó su frente a la mía, mirándome fijo en cada bestial embestida. Me contraía entorno a su sexo, me estremecía en sus brazos. Lo sentí temblar, esos fuertes espamos que anticipaban su erupción. Me comió la boca con un beso. Mordía mis labios y su lengua se entrelazaba con la mía en el momento que su hombría inundaba mi cueva. Mis uñas se clavaron en su espalda y mis talones en sus nalgas al sentirlo y me derramé llamándolo por su nombre.


Dulcemente se retiró de mí, y en pocos segundos apagó todo en su cocina. Me tomó en brazos, y escondí nuevamente mi cabeza en su pecho, dentro llevaba un huracán de emociones. Pero era sólo el inicio de un largo fin de semana...

4 comentarios:

  1. He sentido cada imagen que has pintado, la pasión encendida, el sentimiento de ella, el momento de sentirse así... Lo has hecho maravillosamente bonito y elegante, con esa sensualidad que hace que la imaginación vuele.
    Te felicito, bonita.

    Mil besitos.

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    1. Lo he pintado, lo he escrito, tal cual como lo he sentido, vivido...
      Tus cumplidos hacia mis letras me dejan siempre sin palabras, y sólo me queda decir "gracias".

      Besinos preciosa.

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  2. Bella, calida y sensual como siempre. Exquisito cada detalle, con el cuidado que te caracteriza Misthyka. Amo tus letras y todo lo que me hacen sentir.
    Besos preciosa.

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    1. Para mí es un placer hacer[Te] sentir Alex... espero hacerlo cada vez... más.

      Tentadores besos.

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