jueves, 9 de febrero de 2017

Ese viernes había comenzado como uno cualquiera. Rutinario. Y el fin de semana no se proyectaba mejor. Para acabar con el aburrimiento, cogí el celular y le envié un mensaje.

Buongiorno Doc... ¿cómo está yendo la guardia?”, y esperé.

Lo imaginé bastante ocupado porque no respondió enseguida, sino casi una hora más tarde.

Ciao mia cara... ni un minuto de tranquilidad.”, como imaginaba. “¿Qué harás después del trabajo? Deseo verte.”, leer aquello hizo se me acelerara el corazón.
Pues nada, creo tener una o dos horas libres...”, no sabía bien qué me inventaría, pero lo haría.
Haz lo posible por tener libre toda la noche...”, y sabía no bromeaba. “Luego te paso los detalles... kisssss.

¿Toda la noche? Sólo pude imaginar en llamar a mi amiga Cloè, yo la había cubierto tantas veces, que no podría negarse a hacerlo una vez por mí. ¿Qué es lo que tendría planeado él? Mentalmente inicié a repasar mi estado personal, fue una suerte haber pasado por lo de mi estetista el día anterior. Como siempre cuando uno desea todo fluya con rapidez, el tiempo comenzó a transcurrir lentamente.

Eran ya las 15:00 cuando sentí la vibración de mi celular que indicaba un nuevo mail. Asunto: “Instrucciones” ...sino fuera que lo conozco bien, pensaría que bromeaba.

Apenas acabes tu trabajo, ve al apartamento.
Cuando llegues, quítate los zapatos, relájate y prepárate un baño de sales. Pero no estés allí más de media hora.
Luego ve a la habitación, encontrarás una caja con regalos para ti. Vístete con ellos.
Ve al salón. Recuéstate sobre la mesa y espérame.


Ningún beso, ni siquiera había puesto su nombre. E igualmente, ese modo suyo me excitaba, y él lo sabía perfectamente.


Arreglé con Cloè todos los detalles de nuestra historia y llamé a casa para avisar. A las 17:01 estaba saliendo de la oficina. Cogí un taxi y fui hacia el apartamento como él me había dicho. Cerré la puerta detrás de mí, dejé mis cosas en la mesa de entrada, me descalcé y fui hacia la habitación. Mi curiosidad no podía esperar más para saber qué era ese regalo que él me había hecho. Deshice delicadamente el moño y abrí la caja... ¡qué maravilla! Un corset negro, un liguero y las medias obviamente; y un par de tacones que eran un sueño. Es indiscutible su buen gusto.


Me dirigí al baño a preparar la tina. Estuve dentro escarsos veinte minutos. Volví a la habitación y me vestí con sus regalos. Era todo perfecto, él conocía mi cuerpo de memoria. Me sobresalté al sentir el celular.

Cara... –su voz. He olvidado... coge un pañuelo de seda del cajón y cúbrete los ojos.
Sí... –sabía no esperaba otra respuesta. ¿A qué hora llegarás?
Tú espérame como te he dicho... –no era un pedido. Ahora debo continuar aquí, a luego.

Terminó la conversación sin más. Finalicé de vestirme, acomodé mis cosas sobre el pequeño sofá del dormitorio, y fui hacia el salón. Miré la hora en el reloj del corredor mientras caminaba, las 19:15...


Subí sobre la mesa, vendé mis ojos, me recosté... y esperé.