domingo, 26 de febrero de 2017

Ayer desperté plenamente consciente de que tendría el apartamento para mí sola todo el fin de semana. No me importó fuera temprano, siempre me ha gustado esa sensación de calma que traen las primeras horas del día, como si los sonidos estuviesen suspendidos en el aire. Decidí que primero desayunaría y luego me haría un buen baño. No tenía planes ni compromiso alguno, por lo que no pensaba salir en todo el día. Disfrutaría de esos días conmigo misma.

El aroma a café y tostadas ya había invadido cada rincón. Conecté mi ipod y puse música. Sonreí al escuchar la última canción que me dedicó... “Ringgg...”, alguien sonaba a la puerta. Me observé, llevaba mi camiseta más holgada, sin sujetador, sólo las bragas, y calcetines de lana... pensé que tal vez ni siquiera debiera abrir.

¿Quién es? –no deseaba que nadie me molestara.
Abre o se nos enfriará el café... –su voz.
Pero... –y abrí la puerta mirándolo sorprendida. ¿Qué haces aquí?
No puedo ni deseo estar en ningún otro sitio... –pasó su brazo por mi cintura pegándome a su cuerpo. Y con nadie más que no seas tú.

Me levantó en brazos, mis piernas envolvieron sus caderas. Entró cerrando la puerta tras de si. Ya no sentía más que su perfume y sus manos levantando mi camiseta y recorriendo mi espalda. Me apresuré a quitarle la chaqueta y la camisa, deseaba el calor de su pecho.

¿Por qué tan apurada? –sonreía mordiéndome el labio.
Es que contigo nunca sé cuánto tiempo tengo... –no me dejaría ganar por sentimentalismos.
Me has dicho que estarías sola, y he decidido venir a pasar el fin de semana contigo... –y me sentó sobre la mesa de la cocina. ¿He hecho mal?
Para nada... No seas tonto. –y logró me sonrojara.

Me abrazó unos minutos, donde su latido se parecía al mío. Decidimos que era mejor desayunar, y lo hicimos entre risas y mimos. Luego, comencé a ordenar todo y le mencioné que había pensado hacer un baño, y que podríamos hacerlo juntos.

Mmmmm me encanta la idea... –respondió, haciéndome girar. Aparte tienes mermelada aquí que habrá que quitar.
¿Dónde? – y miraba mi camiseta.
Justo aquí...dijo mientras me sujetaba por las caderas y mordía mi trasero.

Me eché a reír y él volvió a alzarme en sus brazos. Me llevó hacia el baño, abrió el agua y preparó la tina. Yo lo observaba tratando de retener cada imagen en mi memoria. Cuando todo estuvo listo, me miró y se desnudó; luego se acercó a mí y lentamente quitó mi camiseta y deslizó las bragas por mis piernas. Entró en el agua e hizo que me sentara delante de él. Tomó la esponja y comenzó a pasarla suavemente por mi cuerpo. Recorrió mi espalda, y la pasó lentamente por mi seno, mientras besaba mi cuello. Podía sentir su erección palpitar por detrás mío, contra mi cuerpo. Lo deseaba tanto cuanto él. Me giré para besarlo. Mi lengua saboreó cada ángulo de su boca. Y él mordió mi labio.

Sabes cuánto me vuelve loco tu boca... –susurró a mi oído y un gemido escapó de mi garganta por toda respuesta.

Terminamos el baño y nos dirijimos a mi habitación. Me tendí sobre la cama, sin dejar de observarlo. Él dejó caer la toalla que envolvía sus caderas, e inició a a besarme las piernas. Era una placentera tortura sentirlo avanzar por el interior de mis muslos, hasta mi sexo. Su lengua abría mis labios ya húmedos. Me retorcí, alzando mi cuerpo hacia su boca. Sus manos tomaron posesión de mis pechos, pellizcando fuertemente mis pezones, gesto que me hizo temblar como si hubiese sido recorrida por una descarga eléctrica. Entonces sujetó mi cabello alrededor de su puño, apoyó su frente a la mía, así pude perderme en el verde tan profundo de sus ojos, mientras sentía como me penetraba, como me abría a él. Salía de mí, sólo para volver a embestirme con más fuerza. Podía sentir cada una de sus venas, cada pliegue, contra las paredes de mi cueva. Mis piernas envolvieron su cintura, mis talones marcaban el ritmo sobre su culo.

Sentí como me contraía entorno a su verga, y cuando creí que sucumbiría a mi orgasmo, se quitó de mí y me giró bruscamente sin mediar palabra. Sus manos alzaron mis caderas, dejándole mi coño empapado y palpitante, totalmente expuesto. Volvió a penetrarme, con fuerza, con ganas de más, y continuó a embestirme de forma animal, instintiva, hasta sentir sus calientes latigazos quemar mis entrañas. En ese momento mi orgasmo gritó su nombre.


Ambos quedamos dormidos. Él cubriéndome con su cuerpo, en un gesto protector. Yo arropada entre sus brazos, en el refugio de su pecho. Al despertar volvimos a hacerlo, más lentamente, gozando cada instante, como si temiéramos no se volviera a repetir.

...

Esta mañana, lo sentí moverse a mi lado.

Es muy temprano... –y besó mi frente, y mis labios. Duerme aún...

Me desperté definitivamente al oír cerrarse la puerta del apartamento. Por un instante creí habría ido a por algo para el desayuno. Me senté y entonces ví su nota sobre la mesilla.

Sé que te cabrearás, y prometo hacerme perdonar. Pero bien sabes, que de no hacer así, no hubiese podido marcharme. Igual, ésta no es una despedida, sólo un hasta pronto.




jueves, 23 de febrero de 2017

“Cuando ‘estoy en celo’ lo huele a distancia...

Sabe que estoy más cariñosa de lo normal y que mi necesidad es urgente. Tengo la mala costumbre de no pedir directamente, en cambio, me esmero en desquiciarlo hasta que me persigue. Con un poco de ganas de hacerme daño. Con todas las ganas de someterme.

Nos miramos sin ceder y vemos en cada uno la misma naturaleza. Somos iguales. Y no hay mayor alivio y excitación que encontrar a tu igual y dejar que te devore.

Sé que está pensando en cómo montarme en el piso, en cómo tirarme del pelo para que arquee la espalda y no pueda moverme, en cómo intentaré rasguñarlo mientras gimo, en cómo me acabará él clavando las uñas y los dientes, marcándome como si mu espalda fuera ahora su territorio y toda yo. Y que duela y él lo note alrededor de su miembro. Y que gruña y maldiga canalizando el descontrol por medio de sus manos.

Sé que piensa en todo eso mientras me mira paciente, porque es igual a mí. Entonces corro y él lo toma como una invitación.

 (Texto tomado del web, fuente: toolman62lost)



sábado, 18 de febrero de 2017

Allí está él; siempre en la misma mesa y con un café delante. Como si esperase a alguien.
Lo observo desde que por accidente nos cruzamos en la entrada de ese mismo bar.
Consulta su reloj, se irá otra vez. La verdad es que ni mi herencia ni nada tengo que perder.
¿Puedo...? –pregunto, sentándome atrevidamente frente a él.
Finalmente... te estaba esperando. –y sonrió.



(Este microrelato pertenece a “Reto: 5 líneas” propuesto por Adella Brac.
En esta única ocasión he decidido unir las propuestas de Enero y Febrero)

domingo, 12 de febrero de 2017

No sé cuánto tiempo había pasado. Cualquier sonido ponía mis sentidos alertas. Pero fue en ese instante, en el que sentí las llaves en la puerta, que inicié a temblar. No de miedo, sino de deseo.

Escuché sus pasos, serenos, acercarse a la mesa donde estaba esperándolo. Pude sentir su mirada recorriendo mi cuerpo. Supe que se quitó la chaqueta, y conociéndolo bien, también supe que la había acomodado prolijamente sobre una de las sillas. Se ubicó por detrás de mi cabeza, y percibí su perfume mientras él abría y giraba los puños de su camisa. Pasó el revés de su mano por el borde superior de mi corset, acariciando apenas mi seno. Mi piel se erizó con su contacto. Continuó por uno de mis hombros, por mi cuello, hasta llegar a mi rostro. Delineó mis labios e instintivamente abrí la boca. Él introdujo sus dedos que lamí con ansiedad, con ese deseo que tenía esperándolo. Los recorría con mi lengua, sin apenas moverme, porque sabía que era lo que deseaba. Mi respiración se agitaba y él quitó sus dedos de mi boca, por lo que yo la cerré. Me dió un cachete en plena cara. No fue fuerte, pero me sorprendió, y volví a abrir la boca. Escuché el sonido de la cremallera de su pantalón al abrirse, y un escalfrío recorrió mi espina dorsal. Tiré mi cabeza aún más atrás. Él apoyó su erección en mis labios. Mi lengua saboreó su hinchado glande. Estaba ya húmedo. Su piel desprendía un aroma exquisito para mis sentidos, una mezcla de lujuría e infierno que estaba volviéndome loca. Sentía mi propia humedad entre mis piernas, deslizarse entre mis muslos. Comenzó a follarme la boca. Sentí su polla llegar al fondo de mi garganta, por un momento creí ahogarme. En ese momento creí que podría correrme sin siquiera tocarme. Fue ahí que él se quitó de mi boca, acercándose a mi oído.

No oses correrte, mia cara. –como si pudiese leerme los pensamientos. Lo harás sólo y cuando yo te lo diga.

Escuché como giraba alrededor de la mesa, y terminaba de quitarse la camisa. Se acercó e hizo que plegara mis piernas. Acarició mi terso pubis y abrió mis labios.

Me encanta y me excita cuando estás tan mojada... –su voz acariciaba el interno de mis piernas, mientras sus dedos iniciaban a penetrar mi cueva y jugar con mi henchido clítoris.
Tú provocas eso... –mis gemidos entrecortaban mis palabras.
Por y para mí... –sentía ese tono orgulloso.

Retiró sus dedos de mi interior, y sin más me penetró. Me abría a él en cada bestial embestida. Su pelvis chocando contra mi sexo. Mis paredes se contraían entorno a su erección. Estaba siendo una tortura el demorar mi corrida, una deliciosa tortura. Podía sentir toda la tensión de su cuerpo y el mío. Sus manos, que sostenían mis caderas, y que luego comenzaron a subir por mi abdomen, desabrocharon el corset, liberando mis pechos. Los sujetó con fuerza, pellizcando mis pezones, haciéndome perder todo resto de consciencia.

Córrete... –su voz volvía a traerme en sí. Córrete ahora... para mí...
Siiiiiiiii... –fue el detonador para explotar y derramarme sobre su falo, de manera plena y desbordante.

Pero él no se había corrido. Y antes de que yo calmara mis espamos, se retiró de mí. Me tomó fuertemente de la cintura y me bajó aún más hacia él. Hizo que mis piernas envolvieran sus caderas. Entonces sentí. Sentí su corrida sobre mí, su caliente y abundante semen entre mis tetas. Una de sus manos las recorría, y lo llevó hasta mi boca.

Prueba un poco de lo que tú me has provocado... –ahora su tono era satisfecho.

Me ayudó a incorporarme y sentarme en la mesa. Sin separarse de mi lado, quitó la venda de mis ojos. Me tomó de la barbilla, mirándome atentamente.

Y esta noche apenas ha iniciado... –no pude evitar morderme el labio, había vuelto a excitarme.




jueves, 9 de febrero de 2017

Ese viernes había comenzado como uno cualquiera. Rutinario. Y el fin de semana no se proyectaba mejor. Para acabar con el aburrimiento, cogí el celular y le envié un mensaje.

Buongiorno Doc... ¿cómo está yendo la guardia?”, y esperé.

Lo imaginé bastante ocupado porque no respondió enseguida, sino casi una hora más tarde.

Ciao mia cara... ni un minuto de tranquilidad.”, como imaginaba. “¿Qué harás después del trabajo? Deseo verte.”, leer aquello hizo se me acelerara el corazón.
Pues nada, creo tener una o dos horas libres...”, no sabía bien qué me inventaría, pero lo haría.
Haz lo posible por tener libre toda la noche...”, y sabía no bromeaba. “Luego te paso los detalles... kisssss.

¿Toda la noche? Sólo pude imaginar en llamar a mi amiga Cloè, yo la había cubierto tantas veces, que no podría negarse a hacerlo una vez por mí. ¿Qué es lo que tendría planeado él? Mentalmente inicié a repasar mi estado personal, fue una suerte haber pasado por lo de mi estetista el día anterior. Como siempre cuando uno desea todo fluya con rapidez, el tiempo comenzó a transcurrir lentamente.

Eran ya las 15:00 cuando sentí la vibración de mi celular que indicaba un nuevo mail. Asunto: “Instrucciones” ...sino fuera que lo conozco bien, pensaría que bromeaba.

Apenas acabes tu trabajo, ve al apartamento.
Cuando llegues, quítate los zapatos, relájate y prepárate un baño de sales. Pero no estés allí más de media hora.
Luego ve a la habitación, encontrarás una caja con regalos para ti. Vístete con ellos.
Ve al salón. Recuéstate sobre la mesa y espérame.


Ningún beso, ni siquiera había puesto su nombre. E igualmente, ese modo suyo me excitaba, y él lo sabía perfectamente.


Arreglé con Cloè todos los detalles de nuestra historia y llamé a casa para avisar. A las 17:01 estaba saliendo de la oficina. Cogí un taxi y fui hacia el apartamento como él me había dicho. Cerré la puerta detrás de mí, dejé mis cosas en la mesa de entrada, me descalcé y fui hacia la habitación. Mi curiosidad no podía esperar más para saber qué era ese regalo que él me había hecho. Deshice delicadamente el moño y abrí la caja... ¡qué maravilla! Un corset negro, un liguero y las medias obviamente; y un par de tacones que eran un sueño. Es indiscutible su buen gusto.


Me dirigí al baño a preparar la tina. Estuve dentro escarsos veinte minutos. Volví a la habitación y me vestí con sus regalos. Era todo perfecto, él conocía mi cuerpo de memoria. Me sobresalté al sentir el celular.

Cara... –su voz. He olvidado... coge un pañuelo de seda del cajón y cúbrete los ojos.
Sí... –sabía no esperaba otra respuesta. ¿A qué hora llegarás?
Tú espérame como te he dicho... –no era un pedido. Ahora debo continuar aquí, a luego.

Terminó la conversación sin más. Finalicé de vestirme, acomodé mis cosas sobre el pequeño sofá del dormitorio, y fui hacia el salón. Miré la hora en el reloj del corredor mientras caminaba, las 19:15...


Subí sobre la mesa, vendé mis ojos, me recosté... y esperé.





viernes, 3 de febrero de 2017

Cae la noche con su oscuridad
e inicia el juego de sombras en mi habitación.
Imagino tu presencia en toda esta mi intimidad
y tiembla mi cuerpo al recordar cada [pro]posición.
Pero es aquella... una... única,
que eriza mi piel,
que hace mi sangre entrar en ebullición,
que agita todo mi ser.
Tú... tan y todo Tú.
Dominando(me) desde atrás,
y esas gotas de tibio sudor,
que cancelan mi pudor,
que hacen florecer a la Hembra,
y provoca toda tu [per]versión...
 .