sábado, 18 de marzo de 2017

Era él. No podía ser otro. Era suya la foto publicada en la edición de El Croquis de este mes.
Podría reconocer su perfil donde fuera. El recorte de su mandíbula. Su sonrisa de lado. La picardía en su mirada. Y todo hacía que continuara a desearlo. Más... cada vez más.
Su imagen no me ha abandonado un momento. No tenía planeada estrategia alguna. El lunes simplemente entraría en su estudio y le susurraría: “No he dejado de pensarte...”



(Este microrelato pertenece a “Reto: 5 líneas” propuesto por Adella Brac.
Las palabras propuestas para el mes de Marzo: estudio, edición y planeada.)


domingo, 5 de marzo de 2017

He siempre hecho a mi modo y antojo. Tal vez no lo han sabido, pero siempre jugué con mis reglas. Me gusta ese momento en el que sé que he despertado el deseo de quien tengo delante.  El instante en el que siendo yo la que complace, se me da exactamente aquello que anhelo. Esa sensación de poder en mi boca... en mis manos... entre mis piernas.

Sin embargo ahora todo es diferente. Él es diferente.

Me observa. Yo calculo mis pasos, pero Él siempre está uno por delante mío. Sabe qué pienso, cuando me sonrío y cuando me sonrojo, sabe leerme. Me siento una aprendiz. Y sé que no debería provocarlo, pero es una reacción tan natural, como aquella de mi cuerpo bajo su atención.

Y allí está nuevamente, sentado en ese ángulo de la habitación desde el cual no pierde ningún detalle. En este seductor juego del gato y el ratón; donde, por más afiladas sean mis uñas, esta vez seré la presa. Me pregunto si seré capaz de estar bajo sus reglas... si Él será el que logre dominar el verdadero fuego que se oculta en esta hembra. Paso por delante suyo, me pierdo en su oscura mirada, y no puedo evitar -ni quiero- morderme el labio. Se alza y comienza a caminar detrás de mí. Lo sé, lo siento, lo intuyo. Mis caderas se contonean incitándolo. Apresura el paso y me aprisiona contra la pared. Él pegado a mi espalda. Siento la fuerza de su cuerpo apoyado al mío. Una mano sujeta la mía. El calor de su respiración en mi nuca. Su boca se acerca a mi oído, y quedo sorda por los latidos de mi proprio corazón desbocado.

Emme... sabes que no deberías provocarme... –deseaba que continuara hablándome así.
¿Lo sé? –jugaba a la ingenua y empujaba mi cuerpo contra el Suyo.
Si lo haces, podría desear poseerte, hacerte mía... –sus labios casi rozaban mi piel con cada palabra.
¿Erizar mi piel... excitar mi cuerpo... me haría Suya? –el tono de mi voz lo desafiaba.
Dominar tu alma te haría mía... y sabes que podría... –susurró en mi oído antes de alejarse silenciosamente, dejándome completamente húmeda.