jueves, 6 de agosto de 2015



Fuimos hasta la habitación envueltos en nuestras toallas. Sentía su mirada clavada en mí, y me sentí quemar. Me recosté sin saber qué decir, y quedé en silencio a observarlo. Parecía ahogarme en sus ojos oscuros, donde leía mil intenciones, mil promesas. Me sentí sonrojar ante esto.
Acercó su rostro, y sentí cómo me respiraba. Me olfateaba como un animal con su presa. Aún si mi mente me gritaba mil y una advertencias, no logré oponerme. Mi cuerpo deseaba otro contacto con él. Cerré los ojos y lo sentí suspirar. Su mano me acarició, posándose en mi nuca. Me sujetó con fuerza del cabello, alzando mi boca hasta la suya. Sentí la invasión de su lengua, buscando la mía. Sus besos recorrieron mi cuello, alternándose con pequeñas mordidas.

Mi resistencia, si alguna vez había tenido alguna, cayó definitivamente. Me aferré a él con todas mis fuerzas. Sentí su brazo rodeando mi cintura, me tiró hacia él; hasta que su cadera presionó contra la mía. Pude percibir su excitación, separada de mí sólo por la toalla con la que todavía se cubría. No me frené y seguí sus movimientos. Me froté a su cuerpo arrancándole un gemido. Separó su boca de mi piel sólo para mirarme a los ojos. Mi seguridad…, mis ganas de él…, hicieron que su deseo aumentara.

Finalmente quitó la toalla, dejándola caer al costado de la cama. Su erección se izaba ante mí en toda su virilidad, provocándome un deseo irrefrenable. No pude evitar tomarlo entre mis manos, y él cerró los ojos dejándose hacer por un instante. Sentirlo caliente, cada vena latiendo bajo el toque de mis dedos, hacia que temblara. Sus manos aferraron las mías y su boca inició a torturar mi seno. Lamía y mordía mis pezones. Primero uno y luego el otro. De forma lenta pero intensa.


Entonces sus manos tomaron mis pechos colocando su sexo entre ellos, iniciando a masturbarse. Mis puños se cerraron apretando los bordes de las sábanas. Me mordí el labio para ahogar los gemidos. Sentí como la humedad bajaba por mis muslos y arqueé la espalda, ante lo que creí inevitable. Pero él comenzó a frenarse hasta detenerse, y esperó que yo abriera mis ojos. Sé que mi mirada le imploraba de continuar, pero quedé en silencio. Le sonreí de forma maliciosa, levantando apenas la cabeza para apoyar un beso sobre la punta de su excitación. Mi lengua acarició y jugó allí donde había apenas besado. No pudo soportarlo, y sin previo aviso, dejé que mis húmedos labios lo envolvieran completamente. Se movía haciendo que mi boca lo recorriera por entero. Se empujaba con furia hasta mi garganta. Saboreé las primeras gotas de su esencia, pero antes que me diera cuenta, se salió de mí. Me hizo girar bajo su cuerpo. Sentí su mano entre mis piernas, sus dedos separando mis labios, mojándose en mis fluidos. Los mismos que acercó a mi boca para que probara mi propio sabor, ese que él me producía. Me penetró de forma animal. Sus embestidas golpeaban en las paredes de mi cueva. Lo sentía…, sentía cada pliegue de él en mí. Me sostenía por las caderas, haciendo más fuerte cada arremetida. Se acercó, y me mordió el hombro en el exacto momento que explotábamos en un orgasmo.


Se dejó caer sobre mi espalda. Su mano acariciaba mis cabellos, la fiera iniciaba a calmarse. Entonces escuché su voz en mi oído: "Recuerda, tú eres fuego…, pero yo soy el Dueño de ese, tu fuego."


6 comentarios:

  1. El Dueño del fuego y el Señor encargado de apagarlo. El Amo de avivarlo, de mantenerlo en brasas para a "golpes" de bravía volver a consumirlo.
    Besos de Pecado.

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    1. Todo eso y aún más ...mucho más.

      Tentadores besos.

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  2. Intenso fuego el de tu texto, porque el es tu caballero el que prende tu fuego.

    Un beso enorme.

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    1. Él lo enciende... lo alimenta... lo mantiene... y hace que nunca se apague.

      Tentadores besos.

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