domingo, 28 de febrero de 2016

Estas últimas semanas él había tenido tanto trabajo que el tiempo para encontrarnos se redujo a nada. Algún café por las mañanas, y algunas charlas nocturnas antes de dormir. Y lo necesitaba. ¡Dios si lo necesitaba! Cada célula de mi cuerpo lo reclamaba. Por lo que estaba decidido, esa tarde iría hasta su trabajo, no me importaba cuántas reuniones tuviese, ni cuántos informes debía completar para el final del día. Sería mío al menos por unas horas; y, lo más importante, yo me sentiría suya.

Elegí el vestido negro con la espalda descubierta que sé lo vuelve loco. Las botas altas... Y un detalle que sabía lo sorprendería. Cuando llegué a su oficina ni siquiera subí, me quedé en el aparcamiento y lo llamé al celular.

Emme... Qué bonito sentirte... ¿Qué haces? –y ya la voz se le notaba alegre.
Vengo a secuestrarte... –respondí sonriendo maliciosamente. Y si te comportas bien, sólo será por un par de horas.
Mmmmm... Mi niña... –comenzó a decir.
Ni se te ocurra decir que no puedes... –lo interrumpí. Estoy en el aparcamiento, al lado de tu auto... No me hagas esperar, sabes que no me gusta...

Diez minutos después lo vi llegar, le fue imposible simular la excitación al verme. Pasé mi mano por su nuca, y lo observé a los ojos con la mirada entornada; sabiendo que eso lo ponía nervioso. Pegó su cuerpo al mío para besarme y yo, sin prejuicio alguno, llevé mi otra mano a su entrepierna, apretando ligeramente. Noté su erección al tiempo que mi lengua buscaba la suya en el interior de su boca, con esas ganas de él que nunca se sacian.

¿Vamos? –le susurré al oído.
¿Dónde amor? –y su mano no dejaba de acariciar mi espalda.
Supe de un sitio nuevo, en el centro; y pensé que te gustaría “estrenarlo”... –y mis ojos chispeaban de deseo.

Subimos a su auto y nos dirigimos allí. Al llegar nos ubicamos en una mesa en el fondo del local, bastante discreta; él a mi lado. Pedimos café y algo dulce para acompañar.
Te deseo mi vida... –me susurró acercándose aún más.
Lo sé... –le respondí mordiéndome el labio; subí un poco mi vestido, abriendo ligeramente mis piernas, y llevé su mano hacia mi sexo. Por eso te preparé una sorpresa cielo...
Mmmmmmm... Sin bragas... –y su respiración estaba agitada. Qué mala eres... Y qué malo me pones...

Sus dedos comenzaron a jugar entre mis labios. Abriéndolos... Acariciándolos... Y sentí como iniciaba a humedecerme. Mi respiración se aceleró y necesité morderme otra vez el labio, para que no se oyeran mis gemidos. Introdujo un dedo haciendo círculos en mi interior en el preciso instante que el camarero traía los cafés a la mesa. Él conversaba con el muchacho acerca de lo mucho que le gustaba el nuevo local, sin dejar de masturbarme. Sabía de meterme en dificultad, pero lo merecía, era yo que lo había provocado. Retiró la mano de mi sexo, llevandósela al rostro mientras bebía, mezclando el perfume de mis ganas con el aroma del café. Se levantó de la mesa.

En 5 minutos te espero en el baño de hombres... –dijo acercándose a mi oído. Me tomó el mentón, apoyó un beso en mis labios y agregó: Y no me hagas esperarte, a mí tampoco me gusta...  


Se dirigió hacia allí. Terminé mi café, me limpié los labios, y me levanté para seguirlo como me había pedido.

Entré al baño, y allí estaba él esperándome; apoyado en la encimera del lavabo. Me pasé la lengua por el labio superior al verlo, y cerré la puerta a mi espalda. Me acerqué lentamente, besé sus labios colocando mi mano en su pecho, sentía sus latidos. Sin dejar de mirarlo a los ojos, desabroché su pantalón y liberé su erección. Él enredó sus dedos en mi pelo e hizo que bajara para que jugara con su sexo erguido. Suave, mi lengua recorría todo su tronco..., aumentando el ritmo. Sentía cómo su virilidad crecía e iniciaba a gotear. Sentía cómo temblaba, pero aún así, se frenó, haciendo que me alzara. Me tomó en brazos, llevándome hasta uno de los aseos. Chocamos con una de las paredes, mientras nos comíamos a besos, mordiéndonos uno al otro. Estaba mojada, notaba que chorreaba..., se sentó sobre la tapa de uno de los váteres,  me abrió bien las piernas y me penetró con fuerza. Empecé a subir y bajar por su sexo mientras me cogía por las caderas. Palpaba mis nalgas con las manos, las abría y cerraba, y yo seguía moviéndome, clavando mis uñas en sus hombros. Mis gemidos se ahogaban en su boca. Nuestras salivas se mezclaban y nuestras lenguas se volvían salvajes. Sentía las contracciones que precedían mi orgasmo... Entonces arqueé mi espalda y me derramé pronunciando su nombre... Una vez..., y él seguía... Subiendo y bajando... Alzaba sus caderas entrando en mí con fuerza, buscando su placer. Mientras me decía palabras que no entendía, jadeos densos. Y mi segundo orgasmo fue con su hombría quemando mis entrañas... Continuamos abrazados hasta que nuestras respiraciones se calmaron.

Adoro hacer la pausa café contigo... –me dijo besándome tiernamente.
Y a mí me encanta estrenar locales contigo cielo... –respondí sonriendo.
Ahora volvamos a la mesa... –dijo observándome através del espejo. Debo regresar al trabajo.

Salimos del baño y del local bajo la mirada curiosa y cómplice del camarero. Lo acompañé hasta el aparcamiento, donde nos separamos. No sin antes darme otro beso y una palmada en el trasero...

Hasta esta noche... ¿Me esperarás con café para después de cena? –y sonreía con la mirada.