miércoles, 23 de diciembre de 2015


Noches mágicas,
donde cada luz es un deseo,
una esperanza,
una ilusión,
un sueño...

Noches y días especiales,
momentos inolvidables,
para disfrutarlos,
con ganas, con pasión,
y vivirlos a pleno.



Feliz Navidad
y

Buen Año Nuevo!



jueves, 3 de diciembre de 2015

El fin de semana fui a bailar, necesitaba divertirme después de tanto trabajo. Quedé con unas amigas y allí fuimos. Era tanto que no entraba en una disco, me sentía tan rara, todo era tan diferente de la última vez. Pero no dejaría que eso me echara para atrás. Dejamos nuestras cosas en el privè y nos dirijimos al centro de la pista.

Enseguida encontramos con quien movernos, la música era obviamente fuerte y el juego de luces hacía que no si distinguieran bien los rostros. Después de un rato, quien bailaba conmigo se acercó mucho, demasiado, y sentí sus manos rodeándome la cintura y apoyándose en mi culo.

¿Qué crees estás haciendo? –le grité al oído mientras frenaba esas manos que ya resbalaban hacia mi entrepierna.
¡Emme!... reconocería tus curvas donde sea... –y su boca buscaba la mía. ¿No me reconoces? ¡Soy Cris!

Ya había dejado de bailar y ahora me había quedado helada. Habían pasado 10 años de la última vez que había visto a Cris. Mi primer trabajo cuando llegué acá, la niñera de su hermanita. Lo había visto transformarse de tímido adolescente a un guapo muchacho, seguro de si mismo.

¡Cris! ¡Cuánto tiempo sin verte! –continuaba a gritarle. ¿Por qué no vamos a hablar a otro lado?
Mmmmmm… Emme ¿sabes que estás realizzando una de mis fantasias? –dijo a mi espalda mientras ibamos al privè; y sus manos esta vez se apoyaron sobre mis hombros, empezando a bajar.
Cris... Basta... –me giré frenándolo otra vez.
Please Emme... déjame continuar... –me dijo en voz baja y haciendo esa carita de niño bueno que tanto conocía.
No puedo dejarte seguir Cris... –comencé a decirle, y cada vez me costaba más tenerlo a raya. Eres muy joven... ¡Te vi crecer casi!
Emme son sólo 7 años de diferencia... –decía más calmado y acomodándose en el privè. Ahora ya no soy un adolescente y tú no eres la niñera de mi hermana.
Cris... –inicié pero él me interrumpió.
Emme... Esta noche soy sólo un hombre que desea una mujer... –y volvió a colocarse a pocos centímetros de mí. Una hermosa mujer...

Más se acercaba, más confundida me sentía. Mi cabeza seguía diciendo “No podemos, todo es equivocado”, pero mi cuerpo sentía otras cosas. Cris se había convertido en un hombre muy atractivo; su perfume me estaba enloqueciendo. Su voz, susurrada en mi oído me excitaba, y sin darme cuenta, abrí ligeramente las piernas y cerré los ojos.

Las manos de Cris iniciaron a subir por mis piernas, él dejó de hablar y su lengua inició a lamer mi lóbulo. Cada centímetro de piel que él avanzaba hacia mi sexo, producía un huracán de sensaciones, más por lo prohibido de la situación... Él... Yo... El privè de una disco llena de gente... Sentía subir la temperatura y todas mis resistencias se habían perdido, junto con mi razón.

Abrí un poco más las piernas, poniéndome obscenamente a su disposición. Quería sentir sus manos, sus dedos abriéndose camino hacia ese húmedo centro, que pulsaba por él. Saboreaba mi cuello, hasta que llegó a mi boca también; fui yo entonces que le mordisqueé el labio y hundí mi lengua entrelazándola con la suya. Lentamente inició a descender hacia mi seno, que ya había liberado del sujetador, pellizcaba un pezón mientras torturaba el otro con sus dientes.

Siempre me han gustado tus tetas... –dijo Cris con el respiro acelerado. Cuántas noches he soñado con ellas...

Se puso en pie delante de mí, bajé el cierre de su jeans y liberé mi deseo, el suyo. Me acerqué tomándome los pechos y sin dejar de mirarlo a los ojos, coloqué su erecta virilidad entre ellos. Pasó sus manos por mis cabellos y empujó mi cabeza en modo que mi boca lo recibiera al final del recorrido. Sentí cómo se tensaba cada uno de sus músculos con esos toques de mi lengua en la punta de su falo. Arqueó la espalda y su esencia explotó en la comisura de mis labios, que relamí con ganas.

Emme... eres fantástica... –comenzó a decir mientras se acomodaba el jeans nuevamente. Y no quiero que termine acá...
Cris... esto fue una locura... –le dije mientras volvía a entrar en razón y me vestía, pero él me interrumpió.
Ninguna locura... –me tomó del pulso y me hizo alzar, besándome. Vámonos... y que la locura siga toda la noche.
Lo miré, me mordí el labio inferior y pensé lo que siempre me dice una amiga mía: “Y sí... la vida son dos días, y uno ya pasó! ”.