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sábado, 21 de septiembre de 2024

Fueron semanas de mucho trabajo. Iniciaba muy temprano y cuando terminaba, era ya muy tarde. Mi vida personal fue, a decir poco, inexistente. Ni siquiera he podido quedar con Max una vez en estos días.

Al menos me recreaba la vista; y es que desde hace unos meses ha llegado un socio nuevo al estudio. Un hombre ya maduro; elegante, sea en sus modos que en sus movimientos. Con una voz profunda, con el tono de quien sabe comandar. Y una mirada que parece desnudarte con sólo observarte. Y entre mi abstinencia y él dando vueltas por allí todo el día, estaba ya enloqueciendo.

Verlo a través del vidrio de su oficina y no encontrar una excusa para hablarle, estaba volviéndose una tortura. Envidiaba a mis colegas que tenían un trato directo con él. Pero esto hasta las otras noches.

Me quedé en la oficina porque al día siguiente debía presentar la traducción completa de un proyecto. Pensé que estaba sola, por lo que me descalcé y sujeté el cabello sobre la nuca, atraversándolo con un lápiz. Conecté el i-pod al pc y comencé a escuchar música, no soportaba el silencio. Subí las piernas al escritorio y cerré los ojos por unos minutos. Me dejé transportar e inicié a mover los pies, las piernas, frotándolas entre ellas. Pero en un momento me sentí observada y no me equivocaba. Allí, parado delante mío, estaba él, el nuevo socio. Parecía no se hubiese perdido un sólo movimiento. Me levanté de un salto. Él dió la vuelta al escritorio, mientras abría su saco y aflojaba su corbata. Se detuvo frente a mí, pasó una mano por mi cuello y sin pedir permiso, me besó. Sentí su lengua buscando la mía. Se entrelazaba a ella y me mordía el labio. Su otra mano la sentí pasar por mi cintura, tirar de mi camisa, y desabrocharme el jeans. Se separó apenas, para fijar su mirada en la mía…, me tomó en brazos y me sentó sobre el escritorio. Volvió a sujetarme por el cabello, tirándome hacia atrás. Su boca recorría cada centrímetro de piel, desde mi cuello hasta el vientre. No necesitaba pronunciar palabra para dominarme. Él era el dueño de la situación.  Sentía toda la humedad entre mis piernas. Escuché cómo abría el cierre de sus pantalones. Y sin dejar de fijarme en las pupilas, colocó una mano sobre mi cuello y me penetrò. Una estocada fuerte.

Inició a entrar y salir de mí, haciendo presión en mi cuello. Jamás había probado tanto placer. Comencé a gemir y temblar, sabía que estaba por llegar a mi orgasmo, y él también lo supo…, y se detuvo. Se acercó a mi oído.

Aún no... –dijo en un tono no brusco pero sí determinado. Te correrás cuando yo te diga.

Su voz me hizo gemir aún más. Continuó a moverse otra vez, sujetándome por los hombros. Aumentaba su potencia y velocidad. No creía poder resistir mucho más. Hasta que lo escuché.

Córrete para mí... –pronunciò y, sin quererlo tal vez, parecía una orden. Córrete conmigo.
No debía decirlo dos veces. Sentí todo mi cuerpo ir en éxtasis. Y en el instante que toda su virilidad inundaba mis entrañas, yo lo cubría de mi esencia.

Necesité unos minutos para que mi respiración volviera a la normalidad. Él, en cambio, parecía apenas salido de una reunión de trabajo, y no uno que me había apenas hecho gozar del mejor sexo de los últimos meses. Estaba por salir de mi oficina sin decir una palabra, pero se giró.

Mañana la espero al horario habitual, venga de falda y tacones, habrá una reunión importante... –hizo una pausa, e inclinando la cabeza un poco agregó: …y no podemos saber si necesitaremos quedarnos hasta tarde mañana también.

De repente, no me molestò tener tanto trabajo.


jueves, 29 de agosto de 2024

...

Somos amigos. Un tiempo hubo fuego entre nosotros, pero ahora…, ahora ya no. Y ¿entonces por qué me encontré en esa situación?


“Deberíamos quedar como amigos.”, continuaba a repetir Max. Y yo hacía sí con la cabeza, convencida en definitiva, nos habíamos frenado en tiempo. En tiempo de no herirnos y salvar nuestra relación, seguir siendo esos amigos del alma. Nuestras charlas eran infinitas, nos contábamos todo, o casi. Nos reíamos, nos reíamos tanto, y no sentíamos necesidad de más…, al menos eso creía…, creíamos.

Pero ayer mientras me contaba su enésima discusión, su enésima pelea, la luz de sus ojos era diferente. Su voz no tenía la habitual tristeza, el común dolor. Y admito que hasta sentí un poco de ternura.

¿Por qué no vamos hasta mi departamento a tomar el último café? –me propuso muy inocentemente. Estamos cerca, y luego te acompaño hasta tu casa.

Ok…, pero mirá que no puedo hacer tarde, mañana trabajo desde temprano. –me apresuré a responder.

 

Apenas llegamos a su piso, se puso cómodo mientras yo me dirigí a su cocina, estaba como en mi casa.

¿Preparas tú el café? –preguntó mientras sentí sus manos en mis caderas acercándome a él. Debía resistirme, alejarme, pero…, me gustaban…, me excitaban. Estoy loca; hubiese debido escapar pero lo dejé hacer.

Me besó el cuello desde atrás, y sin decir una palabra, me giró. Pasó sus manos entre mi cabello y me comió la boca. Sentí su lengua invadiéndome, buscando desesperadamente la mía.

Por un momento pensé en nuestra amistad, en cuánto nos había costado llegar a ese equilibrio; pero el sabor de sus besos apartaron cualquier reflexión de mi mente. Cuando separé mis labios de los suyos, en sus ojos ví un deseo inmenso…, tanto cuanto al mío. Un escalofrío me recorrió toda la espalda. Y ya sabía cómo terminaría en el momento en el cual me desabroché el jeans y lo dejé caer al suelo…, a sus pies.

 

Max se desvistió mirándome todo el tiempo a los ojos. Lo hizo lentamente, disfrutando de ese color que subía por mi cara. Cuando finalmente terminó, y se quitó el boxer, no pude evitar “soplar”. Ver su excitación era estupendo, nunca pensé hacerle ese efecto. Y automáticamente me mordí el labio.

Me vuelves loco cuando haces eso... –me susurró al oído mientras pasaba su pulgar por mi boca.

Lo tomé de las caderas, acercándolo a mí, quería besarlo aún, saborearlo. Él aprovechó y desabrochó mi camisa, descubriendo mi seno. Bajó por mi cuello, besando mis pechos, se llevó mis pezones uno a uno a la boca. Los lamió, los succionó como si realmente bebiera de ellos. Ya no razoné más y froté su erección contra mi monte de Venus. Quería sentirlo por toda mi piel antes que dentro mío. Jamás me había comportado así con un hombre, pero con él era diferente. Él me conoce como nadie, él sabe todo de mí…, pero quería demostrarle qué mujer soy y que se arrepintiera por todo el tiempo que hubiese podido poseerme cada noche, y no lo había hecho.

 

Inicié a descender lentamente, hasta quedar de rodillas frente a su virilidad. Lo tomé entre mis manos y lo llevé a mi boca, sin dejar de mirarlo a los ojos. Quería ver su reacción al toque de mi lengua. Paladear el sabor de las primeras gotas de su esencia. Él crecía en mi boca…, y su temperatura aumentaba. Sentí la humedad entre mis piernas y llevé una mano hacia allí. Comencé a acariciarme mientras mi boca continuaba a degustarlo.



Max no aguantó más… Hizo que me alzara y me sentó sobre la mesa de la cocina. Sin decir una palabra, me sujetó por las caderas y me penetrò.

Me detuve un instante, apoyé mis manos en su pecho…, quería sentir sus latidos. Me dejé llevar… Y le pedí de no frenarse... De hacerme suya… Sus caderas comenzaron a embestirme cada vez con más fuerza. Me sujetó los cabellos y me besó con una pasión violenta… mordiéndome los labios. Clavé mis uñas en su espalda. Sentía mi cuerpo temblar… El orgasmo fue intenso... Aún no me reponía cuando sentí todo su calor quemándome dentro, llenándome.

 

Me besó en la frente y se retiró de mí. Mi mente no lograba elaborar ningún tipo de pensamiento claro. En ese momento escuché su voz que me decía:

 

Cielo, voy a hacerme una ducha... –ya estaba abriendo el agua cuando agregó: Ufffff no pensé jamás que el sexo entre amigos podía ser así…, porque seguimos siendo amigos, ¿no?

 

 

…por supuesto. –respondí, alegrándome que no escuchara lo rota de mi voz. Obvio que seguimos siendo amigos Max... –agregué, mientras con el envés de mi mano secaba las lágrimas que recorrían mi rostro.


 

domingo, 16 de junio de 2024

Amigos con derechos

Había vuelto a la rutina. Y después de esos días de playa, resultaba cada vez más aburrida. Sin contar con el hecho que me encontraba sola, eso de hace una semana, y la cosa ya se hacía insoportable.

Decidí llamar a Dan. Nuestra relación era eso, sin compromisos. La pasabamos bien juntos, nos entendíamos muy bien entre las sábanas, pero no más. Ninguno de los dos se había enamorado del otro.

Hola… –sabía que reconocería el número. ¿Cómo estás? Es tanto que no nos vemos… ¿qué haces esta noche?
Hola bonita! –su voz relajada del otro lado ya me había hecho sonreir. Finalmente has vuelto de esas playas perdidas… ¿Esta noche?..., ahora que escucho tu voz, pensaba que podría perderme en algunas curvas.
¡Suena un estupendo plan! ...te espero a la noche, luego de la cena, para el postre… –bromeé.

Pasadas las diez sonó el portero.

Llegué... –su voz, o mis ganas, ya me hicieron estremecer.
Sube... –respondí probando a simular mi ansiedad. Dejé la puerta del departamento entreabierta y fui hasta la cocina. Ambos teníamos debilidad por el café, y uno recién hecho era un buen punto de partida. Escuché la puerta cerrarse, y enseguida lo sentí detrás mío. Su mano se abrió paso por mi camisa palpándome el seno. Y su boca apoyó en mi cuello un beso que pareció quemarme la piel.

Hola piccola… sabía que harías café, por eso te traje esto. –dijo, sacando una cajita de chocolates; él sabe bien que, en ciertas circunstancias, soy golosa.
Mmmm… me conoces... –dije girándome y apretándome a su cuerpo.

Nos tomamos el café entre besos robados y provocadores mordiscos. Estábamos muy acomodados en el sofá. Descalzos. Él, en jeans y una camiseta negra, muy ajustada a sus pectorales. Yo, sólo con el íntimo y una camisa blanca a medio abrochar.  

¿Quieres más chocolate? –dijo colocándose un trocito entre los dientes.

Me subí a hojarcadas sobre él, y no sólo tomé el chocolate, sino que comencé a comerle la boca. Mi lengua le recorrió cada ángulo y se entrelazó con la suya. Sus manos iniciaron a recorrer mis piernas, hasta llegar a mis bragas. Sus dedos se abrieron paso rozando mi liso monte de Venus. Lo sentí moverse entre mis pliegues mientras yo seguía besándolo, con mis manos enredadas en su pelo. Me balanceaba adelante y atrás sobre su ya durísima excitación; en tanto que sus dedos entraban y salían de mí. Me aparté un poco, para desabrocharle el jeans. Bajé lentamente por sus piernas, mis uñas hacían lo mismo por su pecho. Finalmente liberé su pasión sin poder resistir llevármela a la boca. Tenía un buen sabor…, siempre lo tenía. Lo saboreé hasta que sentí cómo se tensaba bajo mis lamidas. Me quité las bragas y volví a subirme sobre él. Me empalé a su cuerpo, haciendo que entrara y saliera de mí. Sabía que no resistiría mucho más. Liberó mi seno del sujetador, tomando uno a uno mis pezones con la boca. Succionando y mordiéndolos hasta que arqueé mi espalda. Me derramé, en el mismo instante que su caliente virilidad inundaba mis entrañas. Ambos nos dejamos caer sobre el sofá, exhaustos.

Piccola…, ven, te llevo a la cama... –dijo con una ternura casi desconocida.
Dan… tú ya sabes que... –traté de responder antes que él me callara apoyando un dedo sobre mis labios.
Somos sólo amigos…, lo sé. Y si quiero quedarme aún, es porque no deseo que esta noche termine acá. –dijo guiñándome un ojo.

Estaba cansada para contradecirlo. Y realmente, lo que más necesitaba esa noche, era compañía. Después de todo, dormir sobre su pecho no me resultaba tan mala idea.


sábado, 4 de noviembre de 2017


“Non si torna indietro da certe cose,
dalle lenzuola rovinate e,
dal modo in cui mi guardi ora..."
(Ilaria Bernardini)




Pensando en Ti...

lunes, 29 de mayo de 2017

“-Debería darte la vuelta y follarte aquí mismo hasta hacerte gritar... ¡Tu forma de ser me está volviendo loco!

De repente empiezo a descender mis manos por Su cuerpo contoneándome obscenamente. Me muevo indecentemente entre sus piernas y aquí estoy, de rodillas delante del hombre más atractivo, seguro, masculino y desinhibido. Soy consciente de que estoy cayendo por Él, que me está mirando ahora fijamente y Le mantengo la mirada. Mis manos se alzan dispuestas a alcanzar el bulto de su erección, y me detengo rápida al ver que niega con la cabeza a modo de advertencia. Creo que se me está pegando su atrevimiento y agacho la cabeza con vergüenza hasta que Él se inclina, y con su mano levanta mi cara.

-Está bien, soy todo tuyo, nena...

Ese comentario hace estragos en mi mente, es momento de actuar y con mi boca busco lentamente su cremallera.”


(Adaptación de letras de @Fiktizia)

jueves, 23 de febrero de 2017

“Cuando ‘estoy en celo’ lo huele a distancia...

Sabe que estoy más cariñosa de lo normal y que mi necesidad es urgente. Tengo la mala costumbre de no pedir directamente, en cambio, me esmero en desquiciarlo hasta que me persigue. Con un poco de ganas de hacerme daño. Con todas las ganas de someterme.

Nos miramos sin ceder y vemos en cada uno la misma naturaleza. Somos iguales. Y no hay mayor alivio y excitación que encontrar a tu igual y dejar que te devore.

Sé que está pensando en cómo montarme en el piso, en cómo tirarme del pelo para que arquee la espalda y no pueda moverme, en cómo intentaré rasguñarlo mientras gimo, en cómo me acabará él clavando las uñas y los dientes, marcándome como si mu espalda fuera ahora su territorio y toda yo. Y que duela y él lo note alrededor de su miembro. Y que gruña y maldiga canalizando el descontrol por medio de sus manos.

Sé que piensa en todo eso mientras me mira paciente, porque es igual a mí. Entonces corro y él lo toma como una invitación.”

 (Texto tomado del web, fuente: toolman62lost)



viernes, 3 de febrero de 2017

Cae la noche con su oscuridad
e inicia el juego de sombras en mi habitación.
Imagino tu presencia en toda esta mi intimidad
y tiembla mi cuerpo al recordar cada [pro]posición.
Pero es aquella... una... única,
que eriza mi piel,
que hace mi sangre entrar en ebullición,
que agita todo mi ser.
Tú... tan y todo Tú.
Dominando(me) desde atrás,
y esas gotas de tibio sudor,
que cancelan mi pudor,
que hacen florecer a la Hembra,
y provoca toda tu [per]versión...
 .


miércoles, 21 de diciembre de 2016

Te deseo días llenos de sueños.
Te deseo días plenos de magia.
Te deseo días de tentaciones.
Te deseo días con misterio,
con sensualidad,
con lujuría,
con pasión...

...en definitiva,
Te deseo...



Feliz Navidad
y

Buen Año Nuevo!!!

domingo, 18 de diciembre de 2016

“(...)
¿Se siente bien, Sir? Noto que tiene un humor vagamente vacilante.
No es el humor. Es que este tramo de vida es particularmente accidentado.
Sir, no hay percurso siniestro que no se pueda enfrentar con un buen equilibrio emotivo.
Pero ¿si lo pierdo, el equilibrio?
Dicen que un buen modo para reencontrarlo sea extender los brazos.
¿Para no terminar en tierra?
Para alzarse en vuelo, Sir.
(...)”

(Traducción y adaptación de "Vita con Lloyd" de Simone Tempia)




lunes, 24 de octubre de 2016

Sentire le tue mani sul mio corpo
è come percorrere i nove cerchi dell'Inferno...
...entro nel Limbo di tutti i miei sensi,
bagnando il mio sesso della più ardente Lussuria.
Mi consuma la Gola della tua virilità nella mia bocca,
sentendo l'Avarizia più elementale...
perché tutto mio in quel momento sei.
E non confondere con Pigrizia
la lentezza dei miei gesti,
è soltanto dilatare l'istante
fino a farlo diventare eterno.
Come io non confondo con Ira
la dominante passione con la quale frusti la mia pelle.
Mi fai diventare Eretica d'ognuno dei miei credi,
cercando fare un continuo Frode al tempo,
dove l'unico proibito
è il Tradimento allo ferventemente desiderato.




miércoles, 21 de septiembre de 2016


Esta mañana desperté sola en mi cama,
mis sábanas húmedas pegadas a mí,
y supe que Tú habías estado allí,
te sentí...
volví a cerrar los ojos para retener tu tacto en mi piel,
mis manos recorrían el camino de tus besos,
mi alma despertaba encendida por tu deseo,
mi cuerpo temblaba con tu recuerdo,
mi sexo se mojaba al susurrar tu nombre...
hoy desperté derramándome contigo,
hoy desperté sintiéndote Mío una vez más,
hoy desperté sintiéndome Tuya como siempre.


domingo, 11 de septiembre de 2016


Despierto con tu voz en mis oídos,
la misma que enciende mi sangre,
la que junto a tus manos recorre mi cuerpo.
Aún siento en mi piel el fuego de tu lengua,
en mis entrañas la fuerza de tus embestidas,
en mi alma el calor de tu pasión...
...y son mis piernas por las que se derrama
la esencia que Tu recuerdo provoca.




domingo, 4 de septiembre de 2016

Me has llamado 'Hechicera',
dices que mi misterio te encanta,
que mi magia te atrae
sin importar la distancia que hay entre nosotros...
Bajo mi manto escondo el deseo,
el deseo de ser descubierta,
el deseo de que se me sepa,
el deseo de que se me sienta...
Y entonces digo
que el Brujo eres Tú
que desde el inicio me ha sabido,
me ha sentido en cuerpo y alma,
y con tus letras de Poeta no reconocido,
tus modos de Caballero sin armadura,
has hecho que mi deseo de ser poseída
se [Te] revele...





sábado, 18 de junio de 2016

La fiesta termina, la música se apaga.
Retorno a la soledad de mi habitación.
Y allí apareces tú.
Tu voz retumba en mis oídos.
La misma que no pude acallar en toda la noche.
La que me acaricia por dentro
y baja lentamente acompañando mis manos.
Se detienen en la humedad de mi sexo
como las de un amante experto.
Me vuelvo fuego...
y por ti... para ti...
mi orgasmo.

jueves, 17 de marzo de 2016

Mi perfume se mezcla con el de mi piel
cuando siento Tu presencia
antes de Tu roce...
antes de Tu toque...
antes de Tu aliento en mi cuello...
antes de Tu susurro en mi oído...

Mi cuerpo te siente...
mis centros y mi sexo se excitan...
...entonces mi esencia te llama,
mi sed te reclama...



sábado, 5 de marzo de 2016

Cuando pienso en Ti
mi piel se eriza
y mis centros reaccionan...

Cuando pienso a tu nombre
mis manos descienden
y mi espalda se arquea...

Cuando leo tus palabras
siento que son mías
y que soy Tuya en ellas...

Cuando pienso en Ti te siento...
...dentro, muy dentro.




miércoles, 23 de diciembre de 2015


Noches mágicas,
donde cada luz es un deseo,
una esperanza,
una ilusión,
un sueño...

Noches y días especiales,
momentos inolvidables,
para disfrutarlos,
con ganas, con pasión,
y vivirlos a pleno.



Feliz Navidad
y

Buen Año Nuevo!



jueves, 1 de octubre de 2015

Caminé hasta esa playa perdida que he conocido años atrás, y que tanto me gusta. Acomodé mis pocas pertenencias y me dispuse a tomar sol, cuando lo ví salir del mar. Pese al calor, un temblor recorrió mi cuerpo. Él no me vió, o hizo de cuenta que no. Se colocó lejos de donde me encontraba. Mejor, me gustan los lugares solitarios, más si es para disfrutar del mar.

Me pasé la mañana entrando y saliendo del agua… tomando sol y leyendo. Cada tanto lo observaba, y él hacía lo mismo.

Ya era mediodía y la única sombra estaba ocupada por él. No lo supo, pero lo maldije. No quería irme, pero tampoco castigarme la piel. Fui a nadar una vez más. Volví y me puse boca abajo. Me estaba durmiendo cuando sentí una mano sobre mi cintura, sobre esa delgada e invisible linea divisoría entre mi espalda y mis nalgas. Me giré instintivamente y lo vi..., arrodillado a mi lado estaba él.

Te quemarás la espalda así... –dijo sonriendo.

Era atractivo, descaradamente atractivo. La humedad entre mis piernas ya no era por mi traje de baño.

No es la primera vez que tomo sol, y aparte has ocupado el único lugar a la sombra de toda la playa. –le respondí cubriéndome los ojos con una mano.
Hubieses podido acercarte... –susurró y volvió a posar su mano en mi cuerpo, en mi vientre. Te coloco un poco de crema… es lo que estaba haciendo.


Y comenzó con un ligero masaje sin dejar de observarme…, me quedé inmóvil, no supe resistirme. Bajó su mano, mirándome a los ojos. Comprobó lo mojada que estaba y yo noté su erección. Sus dedos jugaban entre mis pliegues, y mi respiración se agitaba con cada círculo que él dibujaba en mi clítoris. Lo empujé apenas, ese tanto que bastaba para colocarme a hojarcadas sobre él. Mis manos le recorrieron los brazos…, el pecho…, bajaron por su marcado abdomén…, y sin pudor, se metieron entre su boxer y ese durísimo sexo que aprisionaba. Comencé a masturbarlo al tiempo que él posaba sus manos en mi seno. Pellizcaba mis pezones, y se los llevaba uno a uno a la boca…, mordiéndolos…, succionándolos. Su polla estaba completamente fuera; erecta…, imponente. Sentí como su mano apartaba la parte debajo de mi traje de baño, deshaciéndose de ella completamente. Yo permanecía en éxtasis con mis manos en su hombría. Sentí las suyas en mis nalgas, presionándolas, abriéndome a él. Con un movimiento decidido me clavé a su virilidad, cerrando mis ojos creyendo de llegar a la cima del placer en ese instante. Empecé a moverme, lentamente, hacia adelante y atrás. Sus manos pasaban de mi culo a mi seno, recorriendo toda mi espalda. Lo cabalgaba como una salvaje amazona, haciéndolo entrar y salir de mí. Sentí los espasmos de mi orgasmo…, el primero, porque no me detendría. Continué con mi danza sobre él hasta que sentí como se tensaba debajo de mi cuerpo. Me acerqué a su oído y le susurré: “dentro…, quiero me explotes dentro…”. En ese momento me aferró las caderas y sentí como toda su pasión inundaba y calentaba mis entrañas. Me derramé junto a él.



viernes, 21 de agosto de 2015


Caminaba por la rambla cuando lo ví. Habían pasado muchos años pero lo reconocí …mi piel lo reconoció. Pasé delante suyo, apuré el paso y volví a casa en un estado de agitación inimaginable después de tanto tiempo. Agradecí estar sola, no tendría que explicar el temblor de mis piernas.


Pensaba al hecho de que no me había notado cuando sonó el celular; ”número privado” …respondí igual.

Soy yo. En media hora te espero en el lugar de siempre. No faltes.  –Era él.

¡Dios! Él…, su voz…, ¿cómo había hecho? Entonces sí, me había visto. ¿Quién le habría dado mi número? Demasiadas preguntas surgían en mi cabeza. Pero no importaban. Todos estos años esperando esa llamada. Me arreglé y salí. Iba a su encuentro. Sabía que no debía hacerlo. Pero quería…, lo deseaba con cada célula de mi cuerpo.

Llegué donde solíamos encontrarnos, debajo del muelle. Y ahí estaba esperándome. Lo saludé con un hilo de voz, y por respuesta me tiró hacia él y me besó. Su lengua recorrió mi boca con el hambre que dan los años de espera. Junté fuerzas y me separé de su cuerpo.

No puedo…, ahora las cosas son diferentes… –dije.
¿Por qué?, ¿por esto? –preguntó tomándome la mano con la alianza.
Sí, me casé un año después que me has dejado... –respondí queriendo parecer aún enojada.
Yo no te dejé…, tú nos dejaste…, tú no quisiste seguir… -dijo, y parecía enojado.  Y si no puedes, ¿qué haces acá?, ¿por qué no te has quedado con él?
Está de viaje. Y son años que nos debíamos una conversación... –casi le grité.
Niña…, no es una conversación lo que nos debemos… –dijo y mientras pasó una mano por mi nuca empujándome hacia él otra vez.

No me resistí. No podía. No quería. Esta vez la hambrienta era yo. Mi lengua recorrió cada rincón de su boca. Le mordí el labio. Mis manos recorrían su pecho y sus brazos. Como años atrás, en un abrir y cerrar de ojos, hizo que me sentara sobre él y me desabrochó la camisa y el sujetador. Sin perder un segundo sentí su boca en mi seno. No sé si el cuerpo tiene memoria pero juraría que sí. Apenas sintieron su lengua, mis pezones se endurecieron como piedras. No aguanté más y le desabroché el jeans, su erección ya era impresionante. Mi mano empezó a masajearlo, mientras él seguía lamiéndome …mordiéndome …excitándome. Yo ya estaba completamente mojada, y el orgasmo fue incontenible, tuve que soltarlo por miedo a hacerle mal.

Sos el único que hace me corra con sólo su boca en mis tetas… –le dije y me dispuse a terminar lo que había empezado. Pero me sacó la mano de su polla, se acercó a mi oído y me susurró:  "Esta vez no nos vamos a frenar acá…"

Hizo que me pusiera de pie; me sacó el jeans, que terminó sobre la arena junto al suyo. Mirándome a los ojos me sacó el tanga, y observó divertido como el rubor inundaba mi cara.

Esta vez te haré todo lo que deseábamos y tanto miedo te daba… –dijo mientras sus manos en mi culo empujaban mi sexo hacia su cara.

Su boca entre mis pliegues, su lengua haciendo círculos en mi clítoris, sus dientes mordiéndome los labios…, todo me resultaba exquisito…, sentí como me encendía otra vez. Y él también lo sintió. Me saboreó de tal manera que creí que tendría otro orgasmo ahí, en pie. Pero no. Las manos sobre mi culo me tiraron hacia abajo e hizo que me sentara sobre él nuevamente…, me penetró de forma bestial, con ansiedad animal. Sus dedos se abrieron paso por detrás y sentí como empazaba a hacer presión. Busqué su boca…, la saboreé…, la mordí… Mis gemidos se ahogaban en su cuello. Finalmente metió su dedo por detrás y en ese instante arqueé mi espalda, no pude retener el orgasmo, temblaba entre sus brazos y él no se detenía, me dejaba acabar otra vez.

Cuando empezaba a calmarme, lentamente se desprendió de mí y se puso de pie. Aún con mi poca experiencia, supe exactamente que quería. Tomé su sexo con mis manos y me lo llevé a la boca. Era enorme y durísimo. Tenía sabor a mí. Lo saboreé con ganas…, con deseos atrasados. Con la mano acompañaba los movimientos. Arriba y abajo. Sus manos entre mi pelo también lo hacían. Mi lengua lo recorría entero, lamiendo cada centímetro. No aguantó demasiado e inundó mi boca con su hombría. Lo tragué y con la lengua limpié hasta la última gota que salía de su volcán.

Se dejó caer de rodillas. Nos tumbamos en la arena abrazados. Su corazón estaba tan acelerado como el mío. Sentía tantas cosas…, quería decirle tantas cosas…, pero la voz no me salía.

Ay vida mía… ¿has visto?, es así que tendría que haber sido… Pero no importa, esto es sólo el inicio… –dijo mientras me tomaba por el culo, casi pellizcándolo.
¿Promesa o amenaza? –le pregunté mientras lo miraba con picardía en los ojos. Rió…, me abrazó…, me besó…, y, como tantos años atrás, así esperamos el amanecer.


viernes, 24 de julio de 2015



Quiero deslizarme por tu espalda,
dejar el perfume de mi deseo sobre ella.
Llegar a tu cuello, rozarlo con mi boca,
adueñarme de tu oreja y penetrarla con mis susurros.
Caer en la delicia de tus labios,
y sentir lo salvaje de tu lengua.
Quiero que mis piernas se enreden a tu cintura,
y que el ritmo de tus caderas sea igual al de mis ganas.
Que el vaivén de tu sexo y el mío
sea acompañado por la música de nuestros gemidos.
Quiero que ardas en el fuego que provocas
en mi cuerpo… en mi mente… en mi alma.