miércoles, 21 de diciembre de 2016

Te deseo días llenos de sueños.
Te deseo días plenos de magia.
Te deseo días de tentaciones.
Te deseo días con misterio,
con sensualidad,
con lujuría,
con pasión...

...en definitiva,
Te deseo...



Feliz Navidad
y

Buen Año Nuevo!!!

domingo, 18 de diciembre de 2016

“(...)
¿Se siente bien, Sir? Noto que tiene un humor vagamente vacilante.
No es el humor. Es que este tramo de vida es particularmente accidentado.
Sir, no hay percurso siniestro que no se pueda enfrentar con un buen equilibrio emotivo.
Pero ¿si lo pierdo, el equilibrio?
Dicen que un buen modo para reencontrarlo sea extender los brazos.
¿Para no terminar en tierra?
Para alzarse en vuelo, Sir.
(...)”

(Traducción y adaptación de "Vita con Lloyd" de Simone Tempia)



lunes, 5 de diciembre de 2016

Allí estaba, esperándome a la salida de la oficina, encima de su moto. Desde que nos habíamos conocido no paraba de llamarme, de escribirme. Y yo lo mantenía a distancia. Porque sabía, sabía que si lo dejaba acercarse, lo dejaba entrar en mi vida, sería un completo desastre. Lo supe desde el inicio... demasiada química, demasiada piel.

Hola... –y sus ojos no se apartaban de mi boca. ¿Te apetece un café?
Hola... –no pude evitar morderme el labio. Veo que no te das por vencido.
Ni aún vencido... –sonreía. Ya te lo he dicho.
Ok... un café y basta... –¿realmente deseaba eso? En poco más de una hora tengo una cita.
Vamos entonces... –y volvía a sonreír, sabiendo de haber ganado esta partida. No sea que llegues tarde a tu cita.

Dimos unas vueltas. Me sujetaba fuerte a él, y no porque temía la velocidad; el porqué era que quería sentirlo... mis manos en su pecho, sus latidos que se parecían tanto a los míos. Finalmente paramos en un bar. Un sitio pequeño, apartado. Hablabamos de esto y aquello, nada demasiado importante, pero siempre jugando sobre ese delicado límite del doble sentido.

No quisiera pero... –y realmente no deseaba hacerlo. Te he dicho, tengo una cita...
Sí, no debes explicarte... –continuaba a sonreir. Ve, nos veremos otra vez...

Nos saludamos apenas. Esperaba que me dijiera algo, que me pidiera que no me fuera. Pero no, no dijo nada, al contrario, parecía a gusto con mi partida. Y eso me hacia estar... intranquila. Lo dejé en aquel bar y me fui. Comencé a caminar, cada vez más rápido, tenía poco tiempo y si no iba con prisa, llegaría tarde. Caminaba hacia el sitio de mi cita; y miraba el reloj, debía apurarme aún más. Caminaba entre la gente ocupada en sus cosas, sus problemas, sus deberes, sus sueños. Caminaba pero mi cabeza no estaba conmigo, ni siquiera estaba en el sitio a donde me dirigía; porque a mi cabeza no le importaba nada, ni de nadie... salvo de él.

Porque yo en ese momento quería abrazarme a su cuerpo, sentir su calor y su respiración en mi cuello. Finalmente rendirme a esa deliciosa locura que él me provocaba. Y estar solos. Dentro una habitación; cercanos, tanto que sus latidos se unan a los míos, siendo uno solo. Besarlo, besarlo incansablemente. Que mi lengua busque ávidamente la suya. Encontrarla y entrelazarla en una danza salvaje. Mis manos acariciando su espalda, mientras sus músculos se tensan acompañando cada uno de mis movimientos. Bajar, bajar por la superficie de su cuerpo, y que mi boca reciba la más erguida de sus pasiones. Que entre y salga de mi garganta, provocando y ahogando gemidos a la vez. Para luego que sean sus labios a buscar los míos, bajando por mi vientre y sintiendo como ellos responden con mi más exquisita esencia. Retener la respiración mientras finalmente penetra mi profunda intimidad. Y sentir que susurra mi nombre para terminar gritándolo junto a mí en la más ardiente explosión.

Debo detenerme. Apoyar mi espalda a una pared cualquiera. Cojo el móvil y llamo a quien me estaba esperando ya desde algunos minutos. Lo siento, un imprevisto explico, algo que no puedo –ni quiero- seguir dejando pasar. Continuo a respirar agitadamente. Le escribo un mensaje. “¿Dónde estás? ...cancelé la cita. Deseo verte... Ahora.”. Pasan los minutos, una eternidad, no responde. Suena mi celular, está llamando...


Gírate... –y el mundo se detuvo en ese instante.