lunes, 19 de junio de 2017

No sé si era el calor, el estar aún con licencia médica, o qué, pero me notaba cada vez más irritable. Me pasaba horas dentro del estudio, leyendo, escribiendo o respondiendo a algún que otro correo, sin embargo no lograba estar serena. No lo hubiese creído posible pero echaba de menos mi rutina laboral, el contacto con la gente. Una vez más, estar limitada por los muros de mi casa estaba ahogándome, me sentía literalmente como un gato enjaulado.

Estaba así cuando él volvió. Se detuvo detrás mío, besándome el cuello, apoyándose en mi espalda y haciéndome sentir toda su erección.

Estuve toda la tarde pensándote y no veía la hora de volver... –susurró en mi oído mientras me mordisqueaba el lóbulo. Estoy tan caliente...

Sus manos comenzaron a alzar mi camiseta, esa holgada y un poco infantil que me gusta usar cuando estoy sola en casa. No llevaba sujetador y sus dedos no tardaron en pellizcar mis pezones, duros, túrgidos, que parecía no esperacen otra cosa que esa deliciosa tortura. Quise girarme para besar su boca pero me inmovilizó contra el escritorio.

No... quédate así... –dijo mientras escuchaba cómo se deshacía de su ropa y de mis bragas.

Me sujetó fuerte por la cintura y separó mis piernas con su rodilla. Sentí su polla penetrarme, su capullo golpeando las paredes de mi cueva..., una y otra vez. Su aliento caliente en mi nuca y sus embestidas, aumentaban mis gemidos.

Te deseé toda la tarde... –gruñó de forma entrecortada. No resisto más...

Mordió mi hombro y su caliente leche inundó mis entrañas. Se dejó caer sobre mi espalda, ambos sobre el escritorio, hasta que se relajó, y sus espasmos se calmaron. Lentamente se retiró de mí, mientras besaba nuevamente mi cuello.

¿Sabes? ...adoro que estés siempre dispuesta y cachonda. –murmuró con la boca pegada aún a mi piel..., y yo no supe qué responder. ¿Vienes a la ducha conmigo?
Dame cinco minutos... –le dije, sonriéndole.

Seguía inquieta. Debía callar mi voz interior antes de volverme loca. Respiré profundo. Estaba yéndome al baño, cuando sonó el móvil y respondí sin pensar...

¿Si...? –pronuncié sin siquiera ver el número.
Hola bonita... soy yo... –respondió una voz... esa voz, inconfundible, su manera de llamarme... y por un instante me faltó el aire.





lunes, 12 de junio de 2017

"Quiero decir que no puedo ser absolutamente leal, no está dentro de lo que soy capaz.

Me gustan las mujeres, o la vida, demasiado... No sé cual de las dos cosas. Pero ríe, Anaïs. Me encantaría oírte reír. Eres la única mujer que tiene un sentido de la alegría, una sabia tolerancia; no, es más, parece que me instas a que te traicione. Por eso te amo. Y ¿qué es lo que te lleva a hacer eso, el amor? Es hermoso amar y ser libre al mismo tiempo.

No sé lo que espero de ti, pero es algo parecido a un milagro. Te voy a exigir todo, hasta lo imposible, porque me animas a ello. Eres realmente fuerte. Me gusta incluso tu engaño, tu traición. Me parece aristocrático (¿suena inapropiada la palabra aristocrático en mi boca?).

Sí, Anaïs, pensaba en como traicionarte, pero no puedo. Te deseo. Quiero desnudarte, vulgarizarte un poco... no sé, ay, lo que me digo. Estoy un poco bebido porque tú no te encuentras aquí. Me gustaría dar una palmada y voilà, ¡Anaïs! Quiero que seas mía, usarte, follarte, enseñarte cosas. No, no siento aprecio por ti, ¡no lo permita Dios! Tal vez quiera hasta humillarte un poco, ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué no me arrodillo ante ti y te adoro? No puedo, te amo alegremente ¿Te gusta eso?

Y querida Anaïs, soy tantas cosas. Ves solamente las cosas buenas ahora, o al menos eso es lo que me haces creer. Quiero tenerte al menos un día entero conmigo. Quiero ir a sitios contigo, poseerte. No sabes lo insaciable que soy, ni lo miserable, además de egoísta.

Me he portado bien contigo. Pero te advierto, no soy ningún ángel. Pienso principalmente que estoy un poco borracho. Me voy a la cama; resulta demasiado doloroso permanecer despierto. Soy insaciable. Te pediré que hagas lo imposible. No sé lo que es. Probablemente tú me lo dirás. Eres más rápida que yo.

Me encanta tu coño, Anaïs, me vuelve loco. Y tu manera de pronunciar mi nombre. ¡Dios mío, parece irreal! Escucha, estoy muy ebrio. No soporto estar aquí solo. Te necesito. ¿Puedo pedírtelo todo? Puedo ¿Verdad? Ven enseguida y fóllame. Descarga conmigo. Rodéame con las piernas. Caliéntame..."
(Carta de Henry Miller a Anaïs Nin)



domingo, 4 de junio de 2017

Entró a la habitación silenciosamente, tanto que no lo sentí hasta que se tumbó a mi lado. Percibí el calor de su cuerpo detrás del mío. Y pese a todo mi malestar, pegué mi culo a su sexo. Lo deseaba, aún en esa situación.
¿No deberías hacer reposo tú? –dijo y señaló mis vendajes, mientras yo mostraba mi expresión más inocente, que no escondía la picardía de mis ojos. Descansa, haz la nena obediente; yo estoy aquí.


 (Este microrelato pertenece a “Reto: 5 líneas” propuesto por Adella Brac.
Las palabras propuestas para el mes de Junio: tumbó, malestar y señaló.)

lunes, 29 de mayo de 2017

“-Debería darte la vuelta y follarte aquí mismo hasta hacerte gritar... ¡Tu forma de ser me está volviendo loco!

De repente empiezo a descender mis manos por Su cuerpo contoneándome obscenamente. Me muevo indecentemente entre sus piernas y aquí estoy, de rodillas delante del hombre más atractivo, seguro, masculino y desinhibido. Soy consciente de que estoy cayendo por Él, que me está mirando ahora fijamente y Le mantengo la mirada. Mis manos se alzan dispuestas a alcanzar el bulto de su erección, y me detengo rápida al ver que niega con la cabeza a modo de advertencia. Creo que se me está pegando su atrevimiento y agacho la cabeza con vergüenza hasta que Él se inclina, y con su mano levanta mi cara.

-Está bien, soy todo tuyo, nena...

Ese comentario hace estragos en mi mente, es momento de actuar y con mi boca busco lentamente su cremallera.”


(Adaptación de letras de @Fiktizia)

sábado, 20 de mayo de 2017

Se detenía a observarLo, admirarLo, desafiarLo.
Pero sus gestos derribaban los muros,
penetraban su coraza hecha de tropiezos,
dejándola al desnudo, con el alma expuesta,
el anhelo en los labios y los deseos a flor de piel.
Y le bastaba una palabra, una sola...
...exhalada, murmurada, susurrada,
para encender el fuego, para despertar a la Hembra.
Entonces sus ojos, su boca, sus manos...
...toda ella, se rendía ante Él.



(Letras escritas para una iniciativa de mi querida amiga Gin)

miércoles, 17 de mayo de 2017

Sujeté su mano y nos fuimos de allí. Nos subimos a su automóvil; no me importaba nada, ni siquiera hacia dónde me llevaba, sólo sentir el calor que desprendía su cuerpo, y aquello que provocaba en el mío. Lo observaba conducir; su perfil, el corte de su mandíbula, su barba, su cuello, sus manos sujetando el volante... e imaginaba. Las imaginaba recorriendo mi espalda y sujetando mis caderas... y me excitaba. No pude evitar llevarme los dedos a la boca, y mordisquearlos. No pensé que él me estaría observando, sin embargo no se había perdido detalle. Sin decir una palabra, extendió su mano hasta mí, apoyándola en mi rodilla e hizo que abriera mis piernas. Subió por el interno de mis muslos hasta llegar a mi sexo. Temblé al sentir sus dedos deslizarse entre el encaje de mis bragas y mis labios mojados. Fue apenas un roce.

En unos minutos saborearé cada centímetro de tu piel... –sentenció, llevándose sus dedos a la boca. Inclusive este manjar.

Él lograba dejarme sin aliento, sólo me quedaba mirándolo, perdiéndome en las líneas de su boca y mis pensamientos. Nos detuvimos en una casa frente al mar.

¿Tu casa? –pregunté mientras me abría la puerta del automóvil y con su mano me invitaba a bajar.
No... –por un segundo creo dudó en responderme. Es una casa que estoy restructurando.

Entramos, encendió una poca luz muy difusa. Me sentía ansiosa, como si fuera la primera vez que me encontraba a solas con un hombre atractivo. Pero él era más que eso, lo había sentido apenas ví sus ojos clavados en los míos.

No sentí que estaba tan cerca hasta que su mano aferró el escote de mi vestido, haciendo me pegara a su cuerpo. Con el envés de esa misma mano rozó la piel de mi pecho, que subía y bajaba agitadamente. Cerré los ojos, dejé me invadiera su perfume. Su mano continuó a recorrerme el cuerpo; desde el hombro se deslizó por mi brazo, hasta detenerse por un momento en mi cintura. Lo sentí acercarse a mi oído.

No tienes idea cuánto me excite tu boca... –susurró mientras su pulgar delineaba mis labios y se introducía lascivamente en ella.

Envolví su dedo con mi lengua, succionándolo, provocándolo. Bastó ese gesto para que sus manos comenzaran a desvestirme con prisa, la misma que tenían las mías en desvestirlo a él. Quité su camisa, dejándola caer al piso. Mordisqueé su pecho mientras desabrochaba sus pantalones, que cayeron junto a mi vestido. Se separó de mí, para quitarse él mismo el boxer. Acercó una silla y se sentó, con su polla totalmente erecta, latiendo. Sonrió de lado y me desafió con la mirada. Me deshice del sujetador y de mis bragas ya empapadas de lo que él me había provocado durante toda la noche. Caminé hacia él contoneando las caderas, mordiéndome el labio. Me empalé a su virilidad, sentí cada pliegue de su rigidez rozando las paredes de mi cueva. Sus manos sujetaban mi espalda, acompañando el movimiento de su sexo entrando y saliendo una y otra vez del mío. La habitación se llenó de mis gemidos. Mis uñas se clavaban en sus hombros, en su espalda, pidiendo más. Su boca se llenaba con mi seno, pasaba de un pezón al otro. Estaban duros, túrgidos, con el roce de su lengua, con sus mordiscos.

Córrete... –dijo casi entre gruñidos. Córrete junto a mí...

No necesitó repetírmelo. Arqueé mi espalda, mis manos se sujetaban a su nuca. Sentí la explosión de mi orgasmo en el instante que su caliente semen me llenaba por completo; derramándome por entre mis muslos hasta sus piernas. Mis espamos se calmaban en la medida que él besaba mi cuello.

Niña... –susurró a mi oído. Quiero que el día nos encuentre así... follándonos.

Sonreí y mordí su hombro por toda respuesta.


viernes, 12 de mayo de 2017

Había mantenido las distancias. Había intentado resistir.
Sin embargo... allí estaba, me había rendido a Él.
Ya nada tenía importancia; ni sus compromisos, ni mis miedos y pudores.
Él despertaba a la hembra... Él sacaba mi lado más salvaje.
Mi nena... –susurraba en mi oído, y el tiempo se detenía en ese instante.




(Este microrelato pertenece a “Reto: 5 líneas” propuesto por Adella Brac.
Las palabras propuestas para el mes de Mayo: importancia, lado y estaba.)