viernes, 23 de septiembre de 2016

Desperté...

La luz de la mañana entraba por la ventana. Sentí su mano sobre mí. Su mano..., ni siquiera recordaba su nombre. Me cubrí con las sábanas y me levanté. Eran tantos años que había dejado de fumar, pero necesité encenderme un pitillo y salir al balcón. ¿Cómo había podido ser tan estúpida?, pensé. Me he pasado la vida haciendo atención, caminando como una gata sobre los techos de zinc caliente. Divirtiéndome sin involucrar ningún tipo de sentimiento. Siguiendo mi instinto, que nunca antes me había fallado. Pero él...

Él había derribado todos mis muros. Había logrado penetrar mi coraza. Y yo le había entregado no sólo mi cuerpo sino también mi alma. Me había envuelto en sus brazos; me había refugiado en su pecho. Había bebido de su savia tantas noches, lo había alimentado con mis mieles tantas madrugadas. Había creido a sus palabras, cuando en mi oído susurraba que mis aguas eran su destino. Y ese fue mi error... Mi más grave error.

Pero él ya no estaba. Se había marchado. Así, como había llegado un día, giró su espalda y desapareció. Como si nada..., como si todo. ¿Mintió? ¿Jugó? Tal vez. Si lo hizo, fue de forma perfecta... O al menos eso creyó. Él también se había equivocado. ¿Su error? ...me había subestimado. Él me había convertido en esto que ahora era. Nunca notó cuánto me había enseñado. Tardé tiempo en lamerme las heridas. Y ahora estaba lista. Ahora era mi turno de jugar, y había comenzado a hacerlo. Lo haría a mi modo, con mis reglas. Esta vez no sería mi corazón a quedar a jirones.

Emme... ¿dónde te has metido? –no recordaba su nombre pero por lo visto él sí el mío. Apagué el cigarrito y entré a la habitación.
Buenos días guapo... –y fingí mi mejor sonrisa. Deseaba fumar y no he querido molestarte.
Cariño, si tú no podrías hacerlo... –comenzó a sonreir y ya intuí por dónde iría. Es que me he despertado con un problemilla y al no verte..., pues me asusté. –terminó diciendo mientras arrojaba las sábanas a un lado y descubría su tremenda erección.

Dejé caer aquellas con las que yo me había cubierto, y comencé a ir hacia él contoneando las caderas. No estaba particularmente encendida, pero el tío estaba bueno y, no encuentro mejor manera de no pensar en ciertas cosas, que echarme un buen polvo. Subí a la cama y por su cuerpo como una gata, acariciando sus piernas. Lo miré fijamente a los ojos y mi boca cubrió por entero su polla. Subía y bajaba por ella, mientras él tiraba hacia atrás su cabeza. Mi cabello se enredaba entre sus dedos. Lo sentía hincharse a cada lametazo de mi lengua. Pero yo quería otra cosa, quería más. Besé su vientre, su pecho, su cuello. Me empalé a su miembro como una amazona. Pasé mis manos por su nuca, bajé hasta su oído.

Ni se te ocurra correrte... –le susurré mientras mordisqueaba su lóbulo. No hasta que yo te lo diga al menos... Y continué a cabalgarlo sin piedad, notando cada uno de sus pliegues en mí.

Sus manos magreaban mi seno, pellizcando mis túrgidos pezones. Las mías le sujetaban las piernas, acariciándole los testículos, cada vez más duros y llenos. Sentí mi cueva contraerse entorno a su sexo, y me corrí sobre él mientras mis uñas se clavaban en su pecho. Una vez..., y continuaba. Una segunda... Y ya esperaba la tercera junto con él.

Emme... –susurró.
Córrete conmigo... –casi le ordené.
Siiií... –gimió. Ven mi niña... Ven...

Me detuve por algunos segundos donde cambié la expresión de mi rostro. Lo cogí por los cabellos, jalando de ellos, y me acerqué a su oído nuevamente.

No vuelvas a llamarme así... –mi voz estaba cargada de furia. No soy una niña... Y no soy tu  niña, soy Emme...

Mis movimientos comenzaron a ser aún más fuertes, violentos. Mi vagina chocaba duramente contra sus caderas, era yo quien embestía sobre él. Rasguñé sus hombros y brazos cuando sentí su corrida quemarme las entrañas. Esperé a que mis espasmos se calmaran, y mi respiración volviera a la normalidad, para bajarme de él. Me puse de pie y no me importó cubrirme. Cogí otro pitillo y le acerqué su ropa, dejándola caer, indiferente, sobre su cuerpo desnudo.

¿Fuego? –y le mostré el cigarro.
Sí..., por supuesto... –se apresuró a responder y encender, se lo veía perplejo.
Ahora es mejor si te marchas... –inicié a fumar mientras buscaba mis bragas. Cierra bien la puerta al salir. –y entré en el baño, deseaba una ducha caliente.

Él también se había equivocado,  yo no era la misma. Él me había subestimado... Señado a fuego... Y ya nadie volvería jamás a llamarme de ese modo.





miércoles, 21 de septiembre de 2016


Esta mañana desperté sola en mi cama,
mis sábanas húmedas pegadas a mí,
y supe que Tú habías estado allí,
te sentí...
volví a cerrar los ojos para retener tu tacto en mi piel,
mis manos recorrían el camino de tus besos,
mi alma despertaba encendida por tu deseo,
mi cuerpo temblaba con tu recuerdo,
mi sexo se mojaba al susurrar tu nombre...
hoy desperté derramándome contigo,
hoy desperté sintiéndote Mío una vez más,
hoy desperté sintiéndome Tuya como siempre.


viernes, 16 de septiembre de 2016

Despertar sintiendo toda tu pasión dentro mío,
tu lujuría sobre mi cuerpo,
tu calor sobre mi piel…
















…es lo que hace que espere con ansiedad la noche
para repetirte una vez más
que eres quien enciende y domina mi fuego.


martes, 13 de septiembre de 2016

Con el inicio de septiembre habían llegado los días más frescos, por lo cual esa tarde decidí ir hasta el parque, el que se encontraba cerca del hospital. Me senté a la sombra de un gran árbol, sobre la hierba, observando la gente pasar.

Recogí mi cabello con un broche sobre mi nuca, saqué el libro de mi bolso e inicié a leer. Pero por alguna extraña razón no lograba concentrarme. Me sentía observada, aún si no lograba ver a nadie a mi alrededor. Esta sensación en lugar de incomodarme, me excitaba. En modo que junté mis cosas y volví a mi departamento... necesitaba una ducha o tal vez mejor un baño que me relajara.

Pasaban los días y no podía olvidar lo ocurrido en el parque. Pasaba por allí todas las tardes, observando a mi alrededor, pero no veía a nadie. Ni siquiera una sombra que justificase esa sensación sobre mi piel... hasta ayer.

Ayer volví a pasar por allí. Era ya el atardecer pero aún había una cálida brisa que acariciaba la piel. Estaba caminando cuando volví a tener esa sensación de ser observada. Me giré de golpe y lo ví. No estaba cerca, pero lo ví observándome detenidamente. Tenía sus ojos clavados en mí sin disumular ni siquiera un poco. Sin pensarlo, me dirigí hacia él. Aún a la distancia, noté su sonrisa provocadora; y como comenzaba a marcharse. Lo seguí sin poder alcanzarlo, hasta que entramos al hospital, donde lo perdí de vista. Fui hasta el bar allí dentro y me detuve por un café. No sé cuánto tiempo pasó.

Disculpe... esto es para usted. –una enfermera me entregaba un sobre.
¿Quién lo envía? –mi corazón latía cada vez más fuerte.
No lo sé... –y se la veía muy incómoda. Sólo me han dado instrucciones de entregárselo.

No pregunté más nada. Guardé el sobre en mi bolso y me marché.

Entré en mi departamento y cerré la puerta fuerte y sin cuidado. Siguiendo un impulso, me desnudé. Busqué el sobre en mi bolso y lo abrí.

Allí estaba ella. Su cabello recogido. Sólo se veía la esbeltez de su cuello y sus aretes. Imaginé mi boca recorriendo las constelaciones que forman sus lunares...

A medida que leía, mis manos marcaban el recorrido de sus letras. Bajaban por mi seno, comprobando la dureza de mis pezones. Abrían mis labios como las páginas de un libro. Sentí la humedad fluir entre mis piernas. Acaricié y pellizqué ese botón que era mi clítoris... latía. Mis dedos simularon su falo penetrándome. Arqueé mi espalda y mordí mi labio, cuando mi cueva se contrajo alrededor de su imaginario sexo. Mi orgasmo bañó sus palabras...

E instintivamente lo supe. Había apenas conocido a Dr. Jekyll, pero quien me atraía era su Mr. Hyde. Debía alejarme mientras estuviera en tiempo, pero...

...¿cuándo es que he hecho lo que debía?



domingo, 11 de septiembre de 2016


Despierto con tu voz en mis oídos,
la misma que enciende mi sangre,
la que junto a tus manos recorre mi cuerpo.
Aún siento en mi piel el fuego de tu lengua,
en mis entrañas la fuerza de tus embestidas,
en mi alma el calor de tu pasión...
...y son mis piernas por las que se derrama
la esencia que Tu recuerdo provoca.




martes, 6 de septiembre de 2016

Era un viernes a la noche de este verano que ya está dejando huellas en mi memoria. Estaba volviendo a casa ya casi a las 21:00, había hecho más tarde de lo habitual en la oficina porque en la mañana pensaba ir hasta la casa en la costa. Pensé en mi nevera, casi vacía, y a aquellas horas los negocios ya estaban cerrados; tendría que llamar a una de esas pizerías con servicio a domicilio. Estaba cansada pero más que nada, algo inquieta. Hacía días que no quedaba con nadie, ni siquiera con algún amigo, y la falta de sexo estaba mellando mi ánimo. Mientras conducía, reflexionaba en los últimos meses. Luego de los engaños y menzoñas del último que dijo amarme, decidí que basta; pasarla bien, vivir el momento con quien se pueda... ¿involucrarse? ...no, gracias. Mi mente viajaba a la velocidad de mi automóvil, veloz. Comenzó a sonar el celular, puse el “manos libres” y respondí.

¿Si...? –ni un hola ni nada.
Hola bonita, ¿cómo estás? –su voz era inconfundible, y ya me había hecho sonreir.
Pues ahora que te oigo, mejor... –me resultaba imposible no morderme el labio cuando hablaba con él. ¿Y tú... en qué andas?
De viaje nuevamente... –y lo oí abrir una puerta. Acabo de llegar al hotel que tú sabes, aquí en la costa, y esperaba poder escaparme a visitarte estos días.
Sería maravilloso... –alcé la vista y ví el cartel indicándome la salida para la autopista, y fue inevitable tomarla.
Pero debo ver cómo procede el trabajo... –lo noté tan fastidioso como lo estaba yo. No quiero prometerte nada, tú sabes cómo son estas cosas.
No necesitas decir más... –no mencioné una palabra de lo que estaba pensando y ya haciendo. Tú y yo no necesitamos de explicaciones.
Así es... –sabía que se despediría. Bueno bonita, no quisiera pero debo dejarte... nos hablamos, ¿si?
Ok bonito, mis besos, nos vemos pronto... –y no tenía idea de cuánto eso fuera verdad.

Pise el acelerador, en poco más de una hora estaría allí, era justo lo que necesitaba. Hice un repaso mental de todo, y me alegré de haber ido a lo de la estetícista el día anterior.

A las 22:30 estaba aparcando. Entré al hotel y me dirigí a los baños sin pensarlo. Me refresqué, arreglé el maquillaje y mis cabellos. Salí y me acerqué a la recepción, por suerte estaba de turno uno de los empleados que conocía.

Buenas noches... –e hice mi mejor sonrisa. ¿Te recuerdas de mí?
Pues claro que sí... –respondió con un poco de timidez. Buenas noches señorita Emme, ¿qué la trae por aquí?
Puedes llamarme sólo Emme... pues he venido a visitar un amigo... –y le eché una mirada cómplice y pilla. Pero es una sorpresa, por lo que necesitaría me dijieras el número de su habitación y no me anunciaras... ¿podrías hacerme este favor? Mientras se lo preguntaba, me apoyaba sobre el mostrador, dejando en evidencia mi escote... necesitaba, deseaba esa información, y nada me impediría obtenerla.

Se miró a los lados y me dijo en voz baja: Por ti haré una excepción... dime su nombre que lo busco. –noté cierto rubor en sus mejillas... era propio un muchachito.

Sin pensar más, subí a su habitación y llamé a su puerta. No respondía, y por un momento temí que hubiese salido a algún lado. En ese instante apareció el camarero con el servicio a la habitación, y con una buena propina me las arreglé para que éste me abriera la puerta y se marchara. Entré en puntas de pie con el carrito de la cena; pero él continuaba a no estar por ningún lado... hasta que escuché el agua de la ducha. Dejé mis cosas, me desvestí quedándome sólo con mis bragas y los tacones, tomé la botella de vino del carrito de la cena, me recosté sobre la cama, y esperé...

Mmmmm... cuando pedí la cena no sabía que venía con el dulce incluído... –la toalla envolvía su cintura. Y creo comenzaré por él dejando todo el resto...
Te dije que nos veríamos pronto bonito... –le mostré la botella de vino, ofreciéndosela. ¿Tienes sed?
No de vino... –se acercó hasta el borde de la cama, arrebatándome la botella de las manos, la dejó sobre la alfombra sin muchos cuidados, y tiró de mí hasta tenerme frente a él.

Pasó sus manos por mi cabello y lo soltó para sujetarlo en su puño. No dejaba de mirarlo a los ojos. Bajó hasta mí y mordisqueó mi boca, invadiéndome con su lengua, que saboreaba cada rincón. Estiré mis manos y quité la toalla que lo envolvía. Su tremenda erección casi me golpeó. Separé su boca de la mía, y tomé de asalto su sexo. Lamí su capullo suavemente mientras lo acariciaba. Mis manos recorrían sus testículos hasta detenerse en sus glúteos. Lo empujaba, acompañando sus embestidas dentro mi boca. Llegaba hasta mi garganta, y temí ahogarme por un momento, pero el placer que sentía cuando él me follaba la boca valía el riesgo. Lo sentía hincharse, sentía cada vena y cada pliege de su caliente espada. Lo sentí tensarse bajo mi lengua. De repente se quitó de mí, casi con apuro.

Detente bonita... –le escuché decir con el respiro agitado. Sabes que me gusta más hacerte sentir a ti... lo mío no son las medallas de oro...

Y suavemente me empujó sobre la cama, con las piernas abiertas a él. Se arrodilló, comenzando a besarme los pies. Subió lentamente por mis piernas, haciéndome estremecer en cada contacto de su boca con mi piel. Separó mis labios con sus dedos, y me besó allí, donde latía mi deseo por él. Su lengua me penetró haciendo que mis manos se cerraran sujetando las sábanas. Lamía... mordía... bebía... y yo arqueaba mi espalda, mientras mis manos sujetaban su cabeza a mi sexo. No pude resistir a derramarme en su boca, y él saboreaba mi orgasmo como un gourmet. Con la paciencia del que sabe, esperó que se calmaran mis espasmos, mientras besaba mi vientre, subiendo por mi seno y pellizcando mis pezones. Rozó mi cuello, aspirando esa mezcla de mi perfume y el aroma de mi piel. Su mano tomó mi rostro, acercándose a mi oído.

Ahora serás tú... esa que yo conozco... la que siempre he intuido, sabido, sentido... –era tan firme en cada palabra que decía. Y así serás mía una vez más...

Me besó una vez más, con esa fuerza que ejercía sin necesidad de nada más que su ser en mí. Me alzó entre sus brazos, acariciándome toda. Se colocó por detrás de mi espalda, envolviéndome con su cuerpo, y me penetró con su rígida hombría. Sentía cada uno de sus pliegues chocando contra las paredes de mi cueva. Su respiración se agitaba junto a la mía. Me dominaba simplemente dejándome ser... me deseaba libre, y libre me entregaba a él. Sentí su sexo tensarse dentro mío, y al mío contraerse a su alrededor. Apretó su cuerpo al mío, mientras explotaba su orgasmo, quemando mis entrañas y mezclándose con mi esencia. Fueron segundos eternos. Sus embestidas eran vida, y en sus brazos era donde deseaba esa pequeña muerte momentánea.

Nos dejamos caer sobre la cama, y continuó con sus caricias. Sentía sus pies recorrerme las piernas... su boca en mi cuello... y su mano bajó por mi espalda...

Bonita... el fuego de tu ser me tensa, me excita... –me susurró. Pero es la pasión de tu alma la que me conquista...
Shhh no digas más... –y mi cuerpo entero volvía a encenderse... mi espalda se arqueó, acercando mi culo contra su pene, que volvía a erguirse; listo para más.
Mmmmm... justo lo que estaba diciendo... –y sus manos volvían a ser dueñas.

Él hacia poesía en mi cuerpo... y juntos creabamos la magia.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Me has llamado 'Hechicera',
dices que mi misterio te encanta,
que mi magia te atrae
sin importar la distancia que hay entre nosotros...
Bajo mi manto escondo el deseo,
el deseo de ser descubierta,
el deseo de que se me sepa,
el deseo de que se me sienta...
Y entonces digo
que el Brujo eres Tú
que desde el inicio me ha sabido,
me ha sentido en cuerpo y alma,
y con tus letras de Poeta no reconocido,
tus modos de Caballero sin armadura,
has hecho que mi deseo de ser poseída
se [Te] revele...