sábado, 18 de junio de 2016

La fiesta termina, la música se apaga.
Retorno a la soledad de mi habitación.
Y allí apareces tú.
Tu voz retumba en mis oídos.
La misma que no pude acallar en toda la noche.
La que me acaricia por dentro
y baja lentamente acompañando mis manos.
Se detienen en la humedad de mi sexo
como las de un amante experto.
Me vuelvo fuego...
y por ti... para ti...
mi orgasmo.

jueves, 17 de marzo de 2016

Mi perfume se mezcla con el de mi piel
cuando siento Tu presencia
antes de Tu roce...
antes de Tu toque...
antes de Tu aliento en mi cuello...
antes de Tu susurro en mi oído...

Mi cuerpo te siente...
mis centros y mi sexo se excitan...
...entonces mi esencia te llama,
mi sed te reclama...



sábado, 5 de marzo de 2016

Cuando pienso en Ti
mi piel se eriza
y mis centros reaccionan...

Cuando pienso a tu nombre
mis manos descienden
y mi espalda se arquea...

Cuando leo tus palabras
siento que son mías
y que soy Tuya en ellas...

Cuando pienso en Ti te siento...
...dentro, muy dentro.




miércoles, 23 de diciembre de 2015


Noches mágicas,
donde cada luz es un deseo,
una esperanza,
una ilusión,
un sueño...

Noches y días especiales,
momentos inolvidables,
para disfrutarlos,
con ganas, con pasión,
y vivirlos a pleno.



Feliz Navidad
y

Buen Año Nuevo!



jueves, 1 de octubre de 2015

Caminé hasta esa playa perdida que he conocido años atrás, y que tanto me gusta. Acomodé mis pocas pertenencias y me dispuse a tomar sol, cuando lo ví salir del mar. Pese al calor, un temblor recorrió mi cuerpo. Él no me vió, o hizo de cuenta que no. Se colocó lejos de donde me encontraba. Mejor, me gustan los lugares solitarios, más si es para disfrutar del mar.

Me pasé la mañana entrando y saliendo del agua… tomando sol y leyendo. Cada tanto lo observaba, y él hacía lo mismo.

Ya era mediodía y la única sombra estaba ocupada por él. No lo supo, pero lo maldije. No quería irme, pero tampoco castigarme la piel. Fui a nadar una vez más. Volví y me puse boca abajo. Me estaba durmiendo cuando sentí una mano sobre mi cintura, sobre esa delgada e invisible linea divisoría entre mi espalda y mis nalgas. Me giré instintivamente y lo vi..., arrodillado a mi lado estaba él.

Te quemarás la espalda así... –dijo sonriendo.

Era atractivo, descaradamente atractivo. La humedad entre mis piernas ya no era por mi traje de baño.

No es la primera vez que tomo sol, y aparte has ocupado el único lugar a la sombra de toda la playa. –le respondí cubriéndome los ojos con una mano.
Hubieses podido acercarte... –susurró y volvió a posar su mano en mi cuerpo, en mi vientre. Te coloco un poco de crema… es lo que estaba haciendo.


Y comenzó con un ligero masaje sin dejar de observarme…, me quedé inmóvil, no supe resistirme. Bajó su mano, mirándome a los ojos. Comprobó lo mojada que estaba y yo noté su erección. Sus dedos jugaban entre mis pliegues, y mi respiración se agitaba con cada círculo que él dibujaba en mi clítoris. Lo empujé apenas, ese tanto que bastaba para colocarme a hojarcadas sobre él. Mis manos le recorrieron los brazos…, el pecho…, bajaron por su marcado abdomén…, y sin pudor, se metieron entre su boxer y ese durísimo sexo que aprisionaba. Comencé a masturbarlo al tiempo que él posaba sus manos en mi seno. Pellizcaba mis pezones, y se los llevaba uno a uno a la boca…, mordiéndolos…, succionándolos. Su polla estaba completamente fuera; erecta…, imponente. Sentí como su mano apartaba la parte debajo de mi traje de baño, deshaciéndose de ella completamente. Yo permanecía en éxtasis con mis manos en su hombría. Sentí las suyas en mis nalgas, presionándolas, abriéndome a él. Con un movimiento decidido me clavé a su virilidad, cerrando mis ojos creyendo de llegar a la cima del placer en ese instante. Empecé a moverme, lentamente, hacia adelante y atrás. Sus manos pasaban de mi culo a mi seno, recorriendo toda mi espalda. Lo cabalgaba como una salvaje amazona, haciéndolo entrar y salir de mí. Sentí los espasmos de mi orgasmo…, el primero, porque no me detendría. Continué con mi danza sobre él hasta que sentí como se tensaba debajo de mi cuerpo. Me acerqué a su oído y le susurré: “dentro…, quiero me explotes dentro…”. En ese momento me aferró las caderas y sentí como toda su pasión inundaba y calentaba mis entrañas. Me derramé junto a él.



viernes, 21 de agosto de 2015


Caminaba por la rambla cuando lo ví. Habían pasado muchos años pero lo reconocí …mi piel lo reconoció. Pasé delante suyo, apuré el paso y volví a casa en un estado de agitación inimaginable después de tanto tiempo. Agradecí estar sola, no tendría que explicar el temblor de mis piernas.


Pensaba al hecho de que no me había notado cuando sonó el celular; ”número privado” …respondí igual.

Soy yo. En media hora te espero en el lugar de siempre. No faltes.  Era él.

¡Dios! Él…, su voz…, ¿cómo había hecho? Entonces sí, me había visto. ¿Quién le habría dado mi número? Demasiadas preguntas surgían en mi cabeza. Pero no importaban. Todos estos años esperando esa llamada. Me arreglé y salí. Iba a su encuentro. Sabía que no debía hacerlo. Pero quería…, lo deseaba con cada célula de mi cuerpo.

Llegué donde solíamos encontrarnos, debajo del muelle. Y ahí estaba esperándome. Lo saludé con un hilo de voz, y por respuesta me tiró hacia él y me besó. Su lengua recorrió mi boca con el hambre que dan los años de espera. Junté fuerzas y me separé de su cuerpo.

No puedo…, ahora las cosas son diferentes… dije.
¿Por qué?, ¿por esto? preguntó tomándome la mano con la alianza.
Sí, me casé un año después que me has dejado... respondí queriendo parecer aún enojada.
Yo no te dejé…, tú nos dejaste…, tú no quisiste seguir… -dijo, y parecía enojado.  Y si no puedes, ¿qué haces acá?, ¿por qué no te has quedado con él?
Está de viaje. Y son años que nos debíamos una conversación... casi le grité.
Niña…, no es una conversación lo que nos debemos… dijo y mientras pasó una mano por mi nuca empujándome hacia él otra vez.

No me resistí. No podía. No quería. Esta vez la hambrienta era yo. Mi lengua recorrió cada rincón de su boca. Le mordí el labio. Mis manos recorrían su pecho y sus brazos. Como años atrás, en un abrir y cerrar de ojos, hizo que me sentara sobre él y me desabrochó la camisa y el sujetador. Sin perder un segundo sentí su boca en mi seno. No sé si el cuerpo tiene memoria pero juraría que sí. Apenas sintieron su lengua, mis pezones se endurecieron como piedras. No aguanté más y le desabroché el jeans, su erección ya era impresionante. Mi mano empezó a masajearlo, mientras él seguía lamiéndome …mordiéndome …excitándome. Yo ya estaba completamente mojada, y el orgasmo fue incontenible, tuve que soltarlo por miedo a hacerle mal.

Sos el único que hace me corra con sólo su boca en mis tetas… le dije y me dispuse a terminar lo que había empezado. Pero me sacó la mano de su polla, se acercó a mi oído y me susurró:  "Esta vez no nos vamos a frenar acá…"

Hizo que me pusiera de pie; me sacó el jeans, que terminó sobre la arena junto al suyo. Mirándome a los ojos me sacó el tanga, y observó divertido como el rubor inundaba mi cara.

Esta vez te haré todo lo que deseábamos y tanto miedo te daba… dijo mientras sus manos en mi culo empujaban mi sexo hacia su cara.

Su boca entre mis pliegues, su lengua haciendo círculos en mi clítoris, sus dientes mordiéndome los labios…, todo me resultaba exquisito…, sentí como me encendía otra vez. Y él también lo sintió. Me saboreó de tal manera que creí que tendría otro orgasmo ahí, en pie. Pero no. Las manos sobre mi culo me tiraron hacia abajo e hizo que me sentara sobre él nuevamente…, me penetró de forma bestial, con ansiedad animal. Sus dedos se abrieron paso por detrás y sentí como empazaba a hacer presión. Busqué su boca…, la saboreé…, la mordí… Mis gemidos se ahogaban en su cuello. Finalmente metió su dedo por detrás y en ese instante arqueé mi espalda, no pude retener el orgasmo, temblaba entre sus brazos y él no se detenía, me dejaba acabar otra vez.

Cuando empezaba a calmarme, lentamente se desprendió de mí y se puso de pie. Aún con mi poca experiencia, supe exactamente que quería. Tomé su sexo con mis manos y me lo llevé a la boca. Era enorme y durísimo. Tenía sabor a mí. Lo saboreé con ganas…, con deseos atrasados. Con la mano acompañaba los movimientos. Arriba y abajo. Sus manos entre mi pelo también lo hacían. Mi lengua lo recorría entero, lamiendo cada centímetro. No aguantó demasiado e inundó mi boca con su hombría. Lo tragué y con la lengua limpié hasta la última gota que salía de su volcán.

Se dejó caer de rodillas. Nos tumbamos en la arena abrazados. Su corazón estaba tan acelerado como el mío. Sentía tantas cosas…, quería decirle tantas cosas…, pero la voz no me salía.

Ay vida mía… ¿has visto?, es así que tendría que haber sido… Pero no importa, esto es sólo el inicio… dijo mientras me tomaba por el culo, casi pellizcándolo.
¿Promesa o amenaza? le pregunté mientras lo miraba con picardía en los ojos. Rió…, me abrazó…, me besó…, y, como tantos años atrás, así esperamos el amanecer.


viernes, 24 de julio de 2015



Quiero deslizarme por tu espalda,
dejar el perfume de mi deseo sobre ella.
Llegar a tu cuello, rozarlo con mi boca,
adueñarme de tu oreja y penetrarla con mis susurros.
Caer en la delicia de tus labios,
y sentir lo salvaje de tu lengua.
Quiero que mis piernas se enreden a tu cintura,
y que el ritmo de tus caderas sea igual al de mis ganas.
Que el vaivén de tu sexo y el mío
sea acompañado por la música de nuestros gemidos.
Quiero que ardas en el fuego que provocas
en mi cuerpo… en mi mente… en mi alma.