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domingo, 9 de abril de 2017

"(...)

Me sirvió otra copa y se sentó junto a mí en el diván. Yo me incliné y la besé. Mientras lo hacía le subí la pollera y miré de reojo aquella pierna de nylon. Tenía buena pinta. Cuando terminamos de besarnos se bajó otra vez la pollera, pero yo ya me había aprendido aquella pierna de memoria. Se levantó y fue al baño. Oí la cadena del baño. Después hubo una pausa. Probablemente se estaría poniendo más lápiz de labios. Saqué mi pañuelo y me limpié la boca. El pañuelo quedó teñido de rojo. Finalmente estaba consiguiendo aquello que todos los chicos de la Universidad menos yo habían conseguido. Los chicos bonitos, ricos, dorados y bien vestidos con sus automóviles nuevos y yo con mis trajes de pelagatos y mi bicicleta rota.Debra salió. Se sentó y encendió un cigarrillo.

Vamos a coger -le dije.

Empezó a cabalgar. Podía hacerlo, con sus 45 kilos. Yo apenas podía pensar. Hice pequeños movimientos, encontrándomela de vez en cuando. A ratos nos besábamos. Era bestial: estaba siendo violado por una niña. Se movía, me tenía clavado, atrapado. Era una locura. Sólo carne, sin amor. Estábamos llenando el aire con el olor del puro sexo. Mi niña, niña mía, ¿cómo puede tu cuerpecito hacer estas cosas? ¿Quién inventó a las mujeres? ¿Con qué propósito? El pensamiento del sexo como algo prohibido me excitaba más allá de toda razón. Era como un animal aplastando a otro hasta la sumisión. Cuando acababa sentía como si fuera en la cara de todo lo decente, blanca esperma resbalando por las cabezas y las almas de mis padres muertos. Si hubiera nacido mujer seguro que hubiera sido una prostituta. Como había nacido hombre, anhelaba constantemente mujeres, cuanto más guarras mejor. Y sin embargo las mujeres, las buenas mujeres, me daban miedo porque a veces querían tu alma, y lo poco que quedaba de la mía, quería conservarlo para mí.

(...)"

(Fragmento de "Mujeres", Charles Bukowski)

jueves, 23 de febrero de 2017

“Cuando ‘estoy en celo’ lo huele a distancia...

Sabe que estoy más cariñosa de lo normal y que mi necesidad es urgente. Tengo la mala costumbre de no pedir directamente, en cambio, me esmero en desquiciarlo hasta que me persigue. Con un poco de ganas de hacerme daño. Con todas las ganas de someterme.

Nos miramos sin ceder y vemos en cada uno la misma naturaleza. Somos iguales. Y no hay mayor alivio y excitación que encontrar a tu igual y dejar que te devore.

Sé que está pensando en cómo montarme en el piso, en cómo tirarme del pelo para que arquee la espalda y no pueda moverme, en cómo intentaré rasguñarlo mientras gimo, en cómo me acabará él clavando las uñas y los dientes, marcándome como si mu espalda fuera ahora su territorio y toda yo. Y que duela y él lo note alrededor de su miembro. Y que gruña y maldiga canalizando el descontrol por medio de sus manos.

Sé que piensa en todo eso mientras me mira paciente, porque es igual a mí. Entonces corro y él lo toma como una invitación.

 (Texto tomado del web, fuente: toolman62lost)



viernes, 3 de febrero de 2017

Cae la noche con su oscuridad
e inicia el juego de sombras en mi habitación.
Imagino tu presencia en toda esta mi intimidad
y tiembla mi cuerpo al recordar cada [pro]posición.
Pero es aquella... una... única,
que eriza mi piel,
que hace mi sangre entrar en ebullición,
que agita todo mi ser.
Tú... tan y todo Tú.
Dominando(me) desde atrás,
y esas gotas de tibio sudor,
que cancelan mi pudor,
que hacen florecer a la Hembra,
y provoca toda tu [per]versión...
 .


martes, 31 de enero de 2017

(...) Por entonces yo estaba en un estado de excitación que lindaba con la locura; pero al propio tiempo tenía la astucia de un loco. Sentado allí, en ese sofá, me las compuse para aproximarme a sus cándidos miembros mediante una serie de movimientos furtivos. No era fácil distraer la atención de la niña mientras llevaba a cabo los oscuros ajustes necesarios para que la treta resultara. Hablaba ligero, contenía la respiración, inventaba un súbito dolor de dientes para explicar lo entrecortado de mi jadeo, y mientras tanto, fijando siempre una mirada interior de maniático en mi dorada meta, fui aumentando sigilosamente la proximidad. (...)
(VLADIMIR NABOKOV Fragmento de la novela "Lolita", publicada en París en 1955, por Olympia Press.)